“Adultos” en las redes

Redes socieles
Foto: Gerd Altmann from Pixabay

Ignoro si continúen así los planes de estudio, pero en mis tiempos existía un Subsistema que se llamaba de Integración, en donde sus clases las compartías con alumnos de todas las licenciaturas, pues estaban disponibles para la comunidad universitaria en general. Las materias del área buscaban acercarle al estudiante temas de conocimiento y reflexión diferentes a los que vería en su carrera, ayudándole de esta forma a tener una concepción más integral del mundo y de su entorno.

De entre este tipo de asignaturas que cursé, la que sin duda se llevó las palmas fue “Introducción a la Filosofía”, a cargo de uno de los mejores maestros que he tenido: Salvador Abascal Carranza, hermano de Carlos, quien fuera Secretario de Gobernación en época de Fox, al que encontraba diariamente acompañado de su esposa asistiendo a misa en la bella iglesia de Chimalistac, lo que atestiguaba cuando llevaba a mis hijos al kínder, situado a cincuenta metros de la también conocida como Parroquia de San Sebastián Mártir.

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Ignoro si como parte de un clan familiar y político integrado al PAN, las posturas de Salvador resulten criticables negativamente, como me lo ha dicho un amigo que hace algunos años tuvo puestas sus esperanzas en esa agrupación para lograr un México mejor. Lo cierto es que para mí fue un gran profesor, proveyéndome dicho sea de paso de incontable material que forzadamente introducía en la materia de Sociología que yo mismo impartía en esos tiempos a dos grupos de tercero de prepa del Motolinía, y que las alumnas recibían con muchísimo más gusto e interés que aquello a lo que un acartonado programa me obligaba teniendo como estandarte a Augusto Comte. Nuevamente acudo a las enseñanzas de esa materia de Integración para analizar lo que ahora observo en redes sociales, particularmente en Facebook y WhatsApp, que son la que corresponden a mi target.

Ante la ausencia de ese pensamiento crítico al que invitaba Aristóteles, lo que veía les ocurría solo a los adolescentes ahora también lo descubro como una conducta recurrente entre adultos. Toneladas de papel se han escrito en esta época alrededor de la búsqueda de la felicidad, descubriéndome yo mismo citándole a Borges a mis hijos al decirles que “a esta vida se viene a ser felices y justos”. Lo sostengo, por más que encuentre a algunos de mi generación y otras cercanas centrando la importancia en “parecer felices”, más que en serlo.  

Mientras que hasta hace unos años el paradigma de la felicidad tenía que ver más con una búsqueda y diaria construcción, hoy es el objetivo principal …. y si hay una generalizada aceptación de todo aquello que puede representarse a la felicidad, no hay nada más fácil que ir por ello y comenzar a “palomear” una lista que muy pronto se descubrirá que es inagotable, pues siempre habrá algo nuevo por obtener o experimentar. En esta lógica y al igual que los adolescentes, hay que mostrar el restaurante de moda que se está visitando; informar sobre la sala premier del aeropuerto a la que se acaba de ingresar; mostrar la playa internacional en la que se está tomando el sol y que la enorme mayoría solo alcanzará a ver en portadas o promocionales turísticos;o dar cuenta de la asistencia al campus de la London School para atestiguar la entrega del diploma al hijo. 

Que quede claro que en absoluto me llama la atención encontrar a un amigo o familiar publicando algo así, cuando se mezcla con muchos otros temas, textos e imágenes. Lo que me hace detener es cuando lo que se comparte está centrado en esa línea en la que ya no caben tertulias en el Villamelón; ni el reencuentro con condiscípulos de esa secundaria o preparatoria “de numerito”, como diría Pablo Araiza; o la foto del recuerdo que los muestra aventándose en algún tobogán de Tepetongo, nada de lo cual está en la lista que se asocia hoy a “ alta felicidad”, según el pensamiento de ciertos grupos sociales. Si como dijera Ortega y Gasset “yo soy yo y mis circunstancias”, ajustemos algunas circunstancias para edificar otro yo.

Así encontramos a adultos empeñados en construir su avatar mostrando al mundo una imagen idealizada de sí mismos, demandantes de reconocimientos que se expresan cuando menos con un “like”. Hoy en día, se hacen convivir por primera vez circunstancias reales con virtuales, sometiéndose a la aceptación o rechazo de los demás. Los filtros fotográficos se usan con enorme efectividad por los de 40, 50 y más, quienes llegan a confundir realidad con ficción. Esos, cuando apagan la pantalla o el celular, se colocan en riesgo de deprimirse cuando se dan cuenta que casi nada es real, y que ese “yo virtual” muy poco se parece al de verdad (usuarios de Tinder, pueden opinar). Entonces la autoestima queda herida.

Si leyéramos a Epicteto con su escuela filosófica del estoicismo, podríamos entender la vida de un modo mucho más práctico, distinguiendo qué depende de mí y qué no, y a partir de ello qué opiniones nos deben importar, discriminándolas de las que no pueden tener ningún significado para nosotros. También por Epicteto, cuya primera parte de vida la pasó en calidad de esclavo, podremos entender la responsabilidad que asumimos con nuestras opiniones, las que solo podrían perseguir el informar, concientizar o mostrar algo a los cercanos; a nadie más. Nuestras opiniones dependen de uno y consecuentemente debemos prestarles toda la atención, formulándolas con absoluta responsabilidad y pensamiento crítico. “Tus opiniones son tuyas; cuídalas”.  

En una mezcla que suma algo del adulto que se inventa una imagen, con aquél que toma a la ligera la emisión de una opinión, ha surgido otro nuevo usuario de redes que se empeña en mostrarse como el altamente politizado o sabedor absoluto de todo lo maravilloso que hay de unos gobiernos, y todo lo nefasto que hay de otros. Desde posiciones maniqueas, hallaremos al que arremete con fiereza contra el actual gobierno, topándose con el que irreflexivamente todo defiende o en todo encuentra un resquicio para trasladar culpas y responsabilidades. Nadie les dijo que intercambiaran papeles de feroces atacantes y defensores, y que en esa batalla utilicen apodos ofensivos en un afán por lastimar aún más. Los verdaderos protagonistas de las historias ni los conocen y ni les importan, pero ellos ya se firman como sus más firmes adherentes. 

Adultos que antes caminaban, comían, hablaban y pensaban dentro de los estándares de la normalidad, hoy afilan cuchillos en las noches para desde temprano empezar el ataque, con blancas togas que simbolizan las purezas del presente y el pasado que solo existe en sus cabecitas. Patéticos e inmamables los de ambas esquinas, abonan con sus bravatas al clima de violencia del que estamos hartos y del que no encontramos la manera de salir. ¿En verdad creen que van a convencer a alguien?… quizá lo consigan con alguno de los cinco con que a diario se enfrascan en luchas retóricas, atentos recíprocamente a lo que publican para retirarse o avanzar …. ¿realmente lo hacen para alzar o acallar una voz en favor de México? Ni a cuáles irles; son las dos caras de una misma moneda gastada por la ausencia de reflexión y mesura. Muchas veces he estado a punto de eliminarlos de mis contactos, pero por un prurito de mal entendida educación y buenos recuerdos de los tiempos en que la única defensa que emprendían era la de sí mismos, me hacen recular. Fueron otros y ya casi no los reconozco.

Si de escoger se tratara, sin duda me quedo con los que con frivolidad han reducido la aspiración de la felicidad, y de entre ellos, mis consentidos son los empeñados en aparecer como una cruza de Grocuho Marx y Benny Hill, con cinco memes simpáticos por día de los varios que intentan; que nunca dejen de hacerlo, que para mí ya quedó claro que son los “alegres y divertidos”. Son los nuevos dogmáticos que han reducido a un tema el expresado en sus muros quienes me han empezado a dar una hueva tremenda. Ya no los veo. Espero dejen pronto de ser los voceros pro bono de las mal llamadas izquierda y derecha, y si no, que cuando menos terminen por identificar las diferencias entre discutir y pelear.

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