Bienvenido a la paternidad no asistida

Foto: Pixabay

Nunca creí en la crisis de los 40. Estaba demasiado ocupado sorteando todavía la de los 30 y la resaca de la de los 20. Hoy, más que crisis de los 40, estoy tratando de asimilar las 40 crisis en las que de pronto me encontré metido sin darme cuenta.

Llegué a los 40 siendo un profesionista razonablemente exitoso, esposo razonablemente comprometido y padre absolutamente enamorado de mi hijo. Pero con toda esa razonable estabilidad, una noche me encontré durmiendo en un sleeping bag en medio de la habitación vacía de un departamento de alquiler. Me había separado, y debo confesar que me sentía ¡increíble! ¡liberado! Leonardo Di Caprio en la proa del Titanic.

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El problema es que la euforia de momentos como ese nos distrae de lo importante, nos impide ver el iceberg que se aproxima sigiloso e inevitable hacia nosotros. La realidad se encarga de hacer un boquete en el casco del barco y en menos de lo que uno dice “¡I´m the king of the world!”, el agua se nos ha colado por todos lados.

Levantarse un día como “hombre libre”, laboralmente estable y de cuarenta y tantos, podría parecer como un sueño hecho realidad; sin embargo, nadie está preparado para la experiencia de la separación. Y si a la ecuación le agregamos la responsabilidad de ser padre en solitario, entonces es muy probable que se necesite más que un Tafil y un libro de Gaby Vargas y Jordi Rosado para salir airoso.

La libertad tiene sus consecuencias. De entrada, las facturas se multiplican. Independientemente del acuerdo al que uno llegue con su ex – que puede incluir pago de colegiatura, seguro de gastos médicos, mantenimiento y un largo etcétera-, tenemos que asumir nuevos gastos: renta o compra de un departamento, súper para uno -y medio-, tintorería y lavandería – ellas siempre se quedan con la lavadora-, y el nunca bien planeado FDNL (Fondo para el Desmadre y Nuevos Ligues).

Por otro lado, está el tema de los hijos.Podría parecer que ser padre separado o soltero no es un gran reto. Los hombres damos por sentado muchas cosas relativas a la relación con un hijo y pensamos que tras la separación las cosas no tienen por qué ser tan diferentes. Sin duda pasamos por alto lo más obvio. Por ejemplo, el primer fin de semana que pasé con mi hijo después de la separación tenía mucho trabajo y lo dejé 8 horas sin comer y jugando videojuegos. Me acordé de él hasta que mis propias tripas comenzaron a rugir. Me sentí una mierda. Garantizar nuestra alimentación los fines de semana estaba en la descripción del puesto de “mamá”.

La culpa es un sentimiento recurrente luego de una separación. Convertirse en padre “soltero” de la noche a la mañana no es sencillo de ninguna manera. Uno mismo tiene que jugar los roles de madre y padre a la vez. Luego de mi pequeño olvido, me fui al extremo opuesto y puse alarmas para recordarme de todo: comer, lavarse los dientes, hacer la tarea, jugar, hora de dormir. Aquello se convirtió en una tortura para ambos y estoy seguro de que mi hijo dejó de disfrutar tanto su tiempo conmigo.

No soy psicólogo ni especialista en relaciones humanas. De hecho, debo ser un excelente ejemplo de lo que no se debe hacer en situaciones como la mía, pero entendí que lo mejor era no azotarse y establecer rutinas fáciles de seguir para organizarnos mejor. Es verdad, la casa de papá no es la casita del árbol, pero tampoco tiene que ser un reformatorio. Hoy mi hijo sabe bien que si tiene hambre no tiene por qué esperar a que yo le haga de comer, ahí está el refrigerador. Solo me falta asegurarme de ir al súper cada semana.

@ElPapaSolteroMX

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