Carretera en vacaciones

Preguntas en carretera
Foto: Rainer Maiores from Pixabay

Cualquiera de más de 45 años debe acordarse las condiciones en que se llevaban a cabo las vacaciones. Mal que bien todos fuimos en alguna escala actores de esa gran película mexicana que es Mecánica Nacional. Viajes de horas y horas apretados en un coche en el cual se comía, se cantaba y se vomitaba durante largo tiempo hasta llegar a una playa o a la ciudad objetivo. Los que íbamos de la CDMX a Acapulco, por ejemplo, hacíamos siete horas por la carretera en coches en circunstancias que ahora consideraríamos deplorables. Los aires acondicionados no funcionaban bien y tendían a descomponerse. Bajar las ventanas era bueno mientras no llegaras a la zona de calor y el confort siempre fue algo lejos de lo posible, no se usaban los cinturones de seguridad y lo normal era acomodar a los chamacos, sus amigos y los primos en la parte de atrás amontonados. Yo recuerdo que llegamos a ser nueve en un Galaxie. Claro que habían las combis, cuyos dueños sentían que iban en un tráiler-park pero la gente llegaba antes caminando que trepados en esas camionetas cuya vida terminó en ser “peseros” colectivos, una de esas marcas que terminó en genérico: “tomé una combi, toma una combi, en el sitio de combis…”

Pero algo que no ha cambiado es la inquietud infantil por el arribo y la duración del viaje. Los que preguntábamos ¿ya vamos a llegar? Tenemos ahora que dar la respuesta. Aquí un ejemplo actual.

- Publicidad -

¿Y cuánto tardamos a Acapulco, papá?
Como cuatro horas hijo, quizá un poco menos, tres horas y media.
¿Y por qué tanto?
No es tanto. Cuando yo tenía tu edad hacíamos siete horas y nadie iba tan cómodo como vas tú ahora – dije a la espera de algún reconocimiento no tanto a la tecnología automotriz o de infraestructura carretera sino al esfuerzo de ser un padre que lleva de vacaciones a su familia. Por supuesto el reconocimiento no llegó en ninguna modalidad-.
¿Y sí había coches?
Jaja. Claro que había coches hijito, ni anduviéramos a caballo.
Tú me habías dicho que no tenías coche cuando no eras señor.
Sí hijo pero eso no significa que no hubiera coches.
Bueno pero ¿ya vamos a llegar?
Cómo crees que ya vamos a llegar si te acabo de decir que haremos como tres horas y media.
¿Tanto?
Sí hijo ya te dije, pregúntale algo a tu mamá y déjame manejar.

Veinticinco minutos después.

¿Falta mucho?
Claro que falta hijo. Faltan como tres horas
¿Cómo tres?
Sí a la mejor más y no por andarme preguntando vamos a hacer menos.
Pero ¿por qué queja tan lejos Acapulco?
No queda lejos, hijito.
Sí queda, porque no hemos llegado.
Bueno, ya duérmete.
Ya me dormí y no hemos llegado.
Pues vuélvete a dormir, carajo o ve una película. Déjame concentrarme.
¿Si te concentras llegamos más rápido?
No hijito, pero así vamos más seguros.
Y quién puso Acapulco tan lejos.
Dios hijo, fue Dios el que lo hizo.
¿Y por qué lo hizo hasta allá?.
Pues no sé así es Dios: nunca da explicaciones, jajjajjajjajjaja. ¿Ahora qué vas a decir?. (fui reprendido por mi mujer que ante mi solicitud de que le contara un cuento o algo, siguió volteando la cara a la ventana, seguro para seguir riéndose de lo fastidiosa que se estaba poniendo la situación).
Pero ¿quién es Dios?
Es un amigo de la oficina que no conoces jajajajajajaja, no, no es cierto.
¿El peje es Dios?
No niño, no, cómo dices esas cosas, ¿de dónde sacas esas tonterías? claro que el Peje no es Dios. Hasta dónde hemos llegado…
Pues tu dijiste el otro día que se creía Dios.
No dije eso. Y tú deja de reírte y dile algo a tu hijo.
Sí lo dijiste, hasta mamá estaba ¿verdad mamá? (la mamá nada más sufría espasmos de la risa y no podía ni hablar)
Pues una cosa es creer y otra ser hijo, pero eso no tiene nada que ver con Acapulco, ya falta menos.
Ya no quiero ir a Acapulco…

Y así por el estilo. Hay preguntas que no cambian como las que se hacen en al carretera rumbo a las vacaciones.

Te puede interesar: La vida en Vespa: la compra