Crónica del encierro. Día 33.

Betty GTZ Müller
Foto: Twitter Martí Buitres Parody

Han pasado los días de guardar. Afortunadamente, durante la última semana me abstuve de las noticias, me alejé del puto tchuida, donde circula pura soberana idiotez (ni falta que hacía que viniese Eco a recordárnoslo) y dediqué las horas a rezar. Como decía, la semana santa terminó y ahora vuelvo a esta crónica, con la esperanza y el pesimismo renovados.

La ventaja del rezo es clara: mantiene a la hipocondría contenida. Así que pensé en dedicar el día –escribo esto durante las últimas horas del primer lunes de pascua– a una puesta al día. Vi los diarios y, aparentemente, ya pasó el furor por el papel higiénico y la compulsión de las compras va atenuándose según avanzan los contagios. Hasta lo de la cerveza fue pura llamarada de petate (aunque en casa cuento con litros suficientes como para llenar la alberca del Juan de la Barrera).

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Me entero de que la Primera Historiadora de la Nación accedió generosamente a desempeñarse también como Primera Compositora y Poeta y, mediante encargo soberano a la cantante Eugenia León, puso en circulación una balada ripiosa y cursi, destinada a ser tormento de la población educada.

Aunque, en términos de dolor infringido, está muy por debajo del cielito lindo, no es asunto menor. La baladita se instala en la órbita del comunismo latinoamericano más rancio y trasnochado. Recuerdo a mi papá que, cuando le confesé mi decisión de estudiar filosofía en lugar de dedicarme a su próspero negocio, me dijo con aire comprensivo y misericordioso: «Hijo, si no fuiste comunista antes de los 30, eres un pendejo; pero, si sigues siéndolo después de los 30, serás un pendejo muerto de hambre. Haz lo que quieras. Tienes 17 años y envejecerás pronto: no vayas a mandar tu vida a la mierda».

Esto viene a cuento porque en la preparatoria era yo el estereotipo del chairo actual:1) ¿Pelo? Largo y apestoso 2) ¿Calzado? Huarache de suela de llanta fabricado por artesanos guanajuatenses 3) ¿Ideales? Revolucionarios 4) ¿Intereses políticos? Derrocar al capital opresor y crear conciencia de clase 5) ¿Intereses musicales? Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Exactamente. Yo conjugaba la nueva trova cubana con lectura de Kant –leído con la pedantería propia del preuniversitario inscrito en filosofía; es decir, con cara de circunspecto y sin entender un ápice–. Así, en mi cabeza, el noúmeno era una luz cegadora y, el fenómeno, un disparo de nieve. Por supuesto, la revolución era categórica e imperativa. «Hoy mi deber era cantarle a la patria, alzar la bandera, sumarme a la plaza». ¿Podría haber algo más kantiano y revolucionario?

En fin. Que la repugnante baladita de la Primera Historiadora de la Nación se suma a las obras de arte que cualquier totalitarismo promueve para ensanchar su popularidad. El asco no debe impedir mantenerse alerta ante esos balidos con aires de grandeza, hechos a la medida del oído ignorante del pueblo bueno, que lo mismo se embelesa con esos desatinos que con el cielito lindo (¡ahora salió la horda de influenzers a «cantarla» en un comercial de seguros!).

La letra es ofensiva a la inteligencia de cualquiera. «Lo que hoy es incertidumbre será sonrisa y se acabará este ciclo de oscuridad, mañana se irán los muros, vendrá la brisa y ya nunca olvidaremos que cada segundo es una oportunidad». Válgame.

Hay un video protagonizado por un señor con sobrepeso y pelón, evidentemente con diabetes. Por alguna razón, el calvo diabético se traslada desde uno de los embarcaderos de Xochimilco a su trabajo, portafolios en mano. El video es más cursi y ridículo que la propia letra de la canción, cuya afectación se pierde en la supina solemnidad de la música.

Montaigne decía que el Estado aplica indignamente a sus oficios los soberbios sobrenombres acuñados en la antigüedad. La rimbombancia y la solemnidad son siempre preludio de la aparición del dictador.

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