Cuestionando la fidelidad

Instrospección
Foto: Connor Smith on Unsplash

Me escucho repetir esto constantemente, la verdadera fidelidad es con uno mismo.

Estoy convencida que la única persona a la que le soy fiel es a mí misma, el compromiso más importante que tengo es conmigo.

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Haberme alejado de mí, fallarme desde la primera vez, por mucho tiempo me hizo darle valor a ésta creencia como uno de los motores más importantes con los que enfrento la vida a diario.

El matrimonio me secuestró, fue un secuestro maquillado de un compromiso mal entendido de la construcción de un proyecto de pareja fundado en la pérdida de la individualidad, sostenida en ideas obsoletas, retrógradas,machistas y con el deber ser que me inmovilizó. Perdí la flecha.

Sabía que no podía quedarme ahí. Me refugié en los libros, en terapias, en el ejercicio, en la meditación. Necesitaba encontrarme. Me mataba reconocer que en la búsqueda de lo que yo quería, rompía con la “estabilidad” que tenía, que rompía con el ideal, con expectativas sobre mí de otras personas, con una estructura y que fragmentaba la familia.

Me tuve que sobreponer al dolor de mis hijas, de mis padres, de mi esposo y lidiar con el mío.

La culpa en momentos me paralizó.

Tuve que recuperar la confianza para seguir. Era mi vida la que estaba en juego y era mi responsabilidad transformarla y encontrar lo que buscaba.

Tenia la energía y la claridad de querer empezar desde un nuevo lugar y de reinventarme. Entre más cerca estaba del dolor, mi viaje hacia adentro era más profundo y más cerca estaba de mí.

Hubo momentos de tanta libertad y alegría que me dieron la certeza del camino.

Era un tsunami de emociones, por miles de tropezones y pasos para atrás, daba saltos cuánticos hacia adelante.

Dejé de escuchar lo de afuera, para escucharme en sorround sound. Mi palabra, confía, me acompañaba el mayor tiempo que podía.

Me di la oportunidad de rendirme al encuentro de mi camino espiritual, de entregarme a lo desconocido, dejar que la vida me diera sorpresas, que me diera respuestas, de entender que no controlaba nada, ni siquiera mi propio pulso, mi propio impulso.

Viví de las cosas mas fuertes que un ser humano puede vivir: la pérdida de la paz. junto con ella tuve pérdidas menos importantes, materiales, pero así obtuve la mayor de las ganancias: mi dignidad, el amor propio, el reconocimiento de quien soy, la admiración de mis hijas, una tribu de amigas y el apoderamiento de mi vida.

En el camino me he dado cuenta que mi estabilidad emocional no depende de una pareja, si no de estar reconciliada y en plenitud conmigo.

Seguir perdonando, soltando y amando en gerundio ha sido mi mantra.

Hoy entiendo que para que algo sea valioso no necesariamente tiene que ser estructurado o rígido, para mí, tiene que ser flexible, libre, comprometido, respetuoso, divertido y amoroso.

El encuentro conmigo y el encuentro de mi camino es lo más importante que me ha ocurrido, tiene el valor de encontrar la belleza de la vida, me enamoré de mí, y de mi proceso, recibí ganancias y enseñanzas de vida; de dolores nacieron grandes satisfacciones, de amores, verdaderos amigos, de hijas admirables maestras, de encuentros, inmensos espejos, de muertes, renacimientos.

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