El mal amor escondido en las redes

Ghosting
Foto: pawel szvmanski on Unsplash

Las redes sociales han implicado un nivel más para el estudio de la mente. Por ahí se cuelan pasiones y dinámicas no elaboradas. Al ser un medio virtual, los usuarios quieren creer que no tienen efecto en el psiquismo, pero en realidad terminan siendo tormentas imposibles de elaborar, porque en lugar de llevarlas a un plano real con conocidos o terapeutas las cargan en silencio, como en secreto. 

Hay temas de los que la cuarentena puede dar un respiro, pero ese no es el caso del amor y sus vínculos. Si acaso pueden acentuarse por medio de las redes, la búsqueda de otras posibilidades en medio de la cuarentena es una manera de extender el campo que se ve reducido, confinado al espacio físico que se habita.

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En realidad, no es que existan nuevos mecanismos de cómo funciona la mente, sino que se reactualizan dinámicas que parecían superadas, y quizá personas que se consideraban más estables se encuentran presas de la espera, la impaciencia y/o el desencanto.

Las dinámicas más comunes en las redes son la seducción durante el inicio de la relación y ghosting como punto final.  

Uno de los trastornos que más se ve estimulado con las redes es el trastorno narcisista de la personalidad, personaje protagónico de casi todo eso que consideramos un muy mal amor. En alguna bibliografía puede encontrarse el mismo trastorno como el perverso narcisista.  Algo muy importante es que este carácter conoce lo que está bien y lo que está mal, sabe lo que debe hacer y lo que es censurable y aún así opta por lo último. Pero como no quiere sentir culpa, manipula los hechos, la historia y el lenguaje en un intento por cargar al otro sus actos y, por tanto, culpabilizarlo de ellos.

Este narcisista es experto en la seducción. Por medio del lenguaje va adulando el narcisismo del otro y este otro a su vez se llega a sentir visto casi por primera vez. Como dice la psicoanalista Simone Korff-Sausse: “el lenguaje es su verdadera arma, más temible quizá que la violencia física. Se sirve de él para lograr el sometimiento de su pareja”.

Mediante la comunicación (paradójica) atrapa a su víctima en un mar de relatos opacos que incluso se contradicen, así la víctima, tratando de entender no puede tomar distancia, pensar y separarse. Algo así como las extorsiones telefónicas en las que se exige no cortar la comunicación con el criminal porque la víctima podría darse cuenta del engaño. Después, abandona el juego dejando al otro necesitado de ese reconocimiento y dependiente de él. Cuando el yo del otro queda profundamente socavado por esta necesidad, se cristaliza un triunfo. Este triunfo es temporal, porque el drama del trastorno narcisista es la necesidad voraz de amor y reconocimiento. Como si la mirada amorosa del otro fuera el pegamento que necesita para no romperse. Jean-Charles Bouchoux, autor de Los perfectos narcisistas, describe esta sensación así: “no se siente amable, no ha podido encontrar un reflejo lo bastante bueno en su infancia como tranquilizarse y construirse”.  En ese intento por dominar el amor que necesita está dispuesto a romper al otro. Sabe que el daño es grande y, por lo tanto, busca poner la culpa en el otro. Cree que el otro al que ha dañado lo persigue y lo quiere atrapar, entonces huye pensando que está en una relación tóxica.  En redes sociales esto se puede ver en intercambios de mensajes frenéticos que van desde los cuestionamientos hasta las acusaciones mutuas y termina en lo que para la víctima es un incomprensible ghosting.

Al que sufre de trastorno narcisista le duele estar solo y se pregunta por qué.  No reconoce que es al autor de ese agujero que ha cavado con ahínco y se consuela con las redes que están ahí dispuestas para que luego vuelva a encontrar otra ilusión, misma que después se convertirá en víctima.

No toda relación por redes termina así, porque no todo mundo padece de un trastorno narcisista de la personalidad. Pero los que sí se han topado con uno, necesitan un largo trabajo de elaboración, para centrarse y abandonar el placer de lo que fue la seducción disfrazada de enamoramiento. En ocasiones requerirá un trabajo terapéutico para sanar la herida, si esta fue muy honda; de lo contrario podría abandonarse a una melancolía profunda.

De sentirse en una relación así es muy importante no quedarse en silencio. La pregunta es si estarán dispuestos a pedir ayuda y salir de la fantasía de la seducción.

@IngelaPsi

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