El peor enemigo de un adolescente….somos sus papás

Papás adolescentes
Foto: Twitter Un Nuevo Día

Cada nueva etapa en la vida de los hijos me da susto y emoción ¿les pasa? Todas tienen un lado increíble y uno para jalarse los pelos, pero ninguna con tan mala fama como la dichosa adolescencia.

 ¿A quién no le han dicho? “uuuuy y espérate a que sea puberta“, “te falta lo mero bueno“, “que dios te bendiga“, “lo vas a querer regalar” y demases frases tan reconfortantes y llenas de empatía. Los que ya pasaron por ahí se acuerdan como de una pesadilla y las historias son realmente escalofriantes.

Pero yo me pregunto ¿sí? ¿si son los adolescentes los que se ponen tremendos o seremos los papás los que estamos totalmente desmecatados?

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Y es que me parece que bajo la premisa de: ser “abiertos”, “darles chance de encontrarse”, “respetar su privacidad” , “apoyarlos” y, por supuesto: “realizarnos nosotros mismos como personas” (porque no vaya a ser que nuestro principal proyecto sean nuestros hijos, si hay tantas cosas que hacer tan importantes), nos hemos desentendido completamente del tema y pensamos que nuestro trabajo de papás está en orden siempre que el niño tenga:

a) Una pantalla “para comunicarnos en todo momento y saber dónde está” (yeah sure)

b) Tarjeta sin límite de crédito “para cualquier emergencia” (como comprar pomos de chupe en el antro o así…)

c) Chófer “que lo cuida cañón y es de toda mi confianza” que lo lleva y lo trae mientras las mamás están de compras, de viaje, en el bazar de la caridad de… (me da igual cuál), en junta, el tratamiento, la peda o simplemente en su casa viendo su propia pantallita pero completamente desconectadas. Y de los papás pues qué decir…están “ocupadísimos” en sus chambas y sus comidas “de negocios” donde no sé qué tanto trabajan, pero no manchen que buenas pedas se ponen.

Por alguna misteriosa razón los papás modernos creen que cuando los niños se vuelven adolescentes ya son grandes y no necesitan estar y la realidad es que la cosa va totalmente al revés. ¡La adolescencia es cuando MÁS hay que estar! Cuando necesitan ser vistos por sus papás y apapachados por sus mamás, cuando necesitamos estar a las vivas, conocer a sus amigos, tener conversaciones y estar disponibles para lo que sea.

Solo que esta vez con un grado de dificultad mayor porque hay que hacer todo eso, pero sin que se note. ¿Porqué? Por que el adolescente necesita romper con nosotros para definirse a él.

Y nosotros, estamos interpretando eso como “ ¡perfecto ya es grande, mi chamba aquí está hecha y ahora solo me queda “apoyarlo” para que sea feliz”

#TodoMal

Traducen apoyarlo con: darle permisos que no son apropiados. Ofrecer alcohol en sus fiestas. Soltarles demasiada lana. Resolverles cualquier problema y ayudarlos a zafarse de cualquier responsabilidad que tengan en una situación comprometida (léase: madrizas, robos, agresiones, choques, situaciones violentas y cualquier otra en dónde la ley esté de por medio).

Estos papás, lejísimos de querer educar a sus hijos, lo que buscan es salvarlos de todo. Todo el tiempo. Tal vez, solo, para salvarse a ellos de la culpa que tienen por no haber hecho las cosas diferentes…

Permiten que los hijos hagan lo que sea bajo la premisa de “son niños” pero les dan privilegios de adultos que no les han costado ni medio minuto de esfuerzo y el resultado es que estos chavos se están enfrentando a situaciones que no tienen idea de cómo manejar, cometiendo delitos, arriesgando su salud y, sobretodo, su vida y la de los demás.

Creemos que darles todo es apoyar, cuando en realidad darles todo es equivalente a darles un balazo en cada rodilla y dejarlos inválidos el resto de sus vidas.

Eso estamos haciendo.

Una generación de personas que no entienden que los actos tienen consecuencias, con cero capacidad de sentir empatía, de hacer algo por los demás ¡¿qué es eso?! o de llevar a cabo cualquier actividad que no implique comprar algo o estar en el mismo lugar más de 30 minutos sin ver una pantalla o tomarse una foto.

Chavos que no tienen idea de lo que quieren decir conceptos como: Esfuerzo, Resiliencia, Tolerancia, Frustración, Perseverancia, Logro.

Y por eso entran a la universidad y quieren cambiar de carrera a los tres días cuando los reprueban en dos materias porque ¡es muy difícil! ¡no es para ellos! ¡el profe los odia! Pobrecitos. En serio. La que les espera cuando la vida les de en la cara y no tengan una sola herramienta para afrontarla.

Sí. Si es cierto que la hormona es la hormona. Que los adolescentes tienen momentos cagantes y que, efectivamente, es un período que nos reta como personas (¡y como parejas!) como ningún otro. No nos vamos a salvar de malos días, pleitos y varios portazos pero ….

¿Les digo una cosa?

El que tenga tienda que la atienda.

Van a hacer toooodo lo posible por brincarse las trancas, “luchar por sus derechos” y rebelarse a la autoridad, que se supone, somos sus papás. Y tu trabajo es apechugar. Saber que eso va a pasar y prepararte para la batalla. Lo que tú hijo pretende, ademas de definirse a él, es comprobar si tú sigues ahí: Firme. Congruente. Bien plantado.

En la medida que ellos sientan que son vistos y contenidos por sus papás, tendrán menos necesidad de hacer pendejadas y con tantita suerte serán un poco más sensatos.

Que sepan que pueden confiar en ti y contar contigo para todo, pero que si la cagan van a tener que pagar las consecuencias es determinante para el tipo de personas que van a ser.

Personas responsables de sus actos. No unos niñitos que cada vez que “rompan” algo le hablen a su papi para que pague los daños y los mande a vivir a San Diego…por decir algo.

Estamos siendo los amigos, los alivianados, los súper juveniles, los “respetuosos” de estos individuos que pusimos en el mundo sin entender que por más que nos saquen una cabeza y tengan voces de señor: siguen-siendo-unos-niños. Sus cerebros no se han terminado de formar. Su capacidad de respuesta a las situaciones peligrosas es casi nula. Su madurez es muy precaria y por más que nos traten de engañar: están completamente perdidos.

El problema principal de los adolescentes somos nosotros. Los adultos responsables “a cargo de ellos” que no estamos siendo responsables.

Eso y por supuesto el nuevo factor que viene en combo: la pinche pantallita y las redes sociales. Esta muy cabrón porque como siempre, el tema empieza por nosotros…

¿Se han dado cuenta todas las pendejadas que ponemos todos los días? ¿Cuántas fotos en bikini subes cada vacación mana? ¿Cuántas con duck face? (que, insisto, es la antítesis del sexyness), ¿cuántas enseñando casualmente las chichis? ¿en la peda con los cuates? ¿En la F1? ¿En el partido de México? Y en, básicamente cualquier evento o viaje al que asistimos. Estamos enseñándoles que está perfecto estarse publicando sexosamente y que, pederear lo que tenemos, comemos y hacemos, nos hace relevantes. Que peligro.

Gente…no hay manera de hacer bien la chamba de papás si estamos haciendo tan mal la de personas. Las redes sociales son un ejemplo muy rudimentario, pero sirven para explicar muy bien que nuestros hijos, esos que tanto padecen, están simplemente imitando nuestras propias conductas.

La adolescencia no es el enemigo.

El enemigo somos nosotros, los papás y mamás de hoy que estamos más preocupados por ser cool sin tener ninguna consciencia de las implicaciones que va a tener en el futuro de nuestro país esta generación de niñitos bien que no tienen idea de lo que va la vida sin filtros y sin consecuencias.

Se las dejo de tarea.

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