La cosa más sexy del mundo

Lamargeitor Happy Birthday
Foto: Lamargeitor.com

Hoy cumplo 47 años.

¿Juaaaat?

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Sí.

Que la vida se pasa muy rápido es probablemente el segundo cliché más viejo del mundo y sin embargo, no te das cuenta de que es cierto hasta que estás ahí, soplando todas tus velas.

Sobretodo, estoy sorprendida. La edad no me trauma nada, al contrario, me parece que este es el mejor momento de mi vida (aunque mi cuerpo opine lo contrario a veces). Y sin embargo, no acabo de entender a qué hora pasó el tiempo ¡si hace 5 días les juro que tenía 30!

Ahhhhh (suspira).

La verdad, para mí, la edad no es tema, de hecho no entiendo el afán por postergar, negar, evitar y desafiar el proceso natural del tiempo, del cuerpo, de los años…

Por supuesto que estoy a favor de verte bien. Eso hará que, además, te sientas bien.

OK.

Pero de ninguna manera entiendo esto de hacerse adicto a rellenarse la cara, abusar de las cirugías, perder todo tipo de expresión, ponerte y quitarte sin medida y estar completamente [email protected] por cómo te ves. Detalles como traer el pelo de colores imposibles para la edad que tienen, negarse a usar lentes porque qué oso aceptar que ya no ves nada (true story), comer pasto y granos de no sé qué para pesar 45 kilos y pasarse la vida obsesionadas con sus músculos y vestirse de 25 a los 50, me parece francamente patético.

Porque el tema principal aquí no es cómo te ve el mundo, sino cómo te ves tú. Y el hecho de que estemos invirtiendo tanto tiempo ¡y dinero! en nuestra apariencia es un clarísimo indicador de que algo anda muy mal en nuestras almitas.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo envejecer y aceptarnos?, ¿por qué luchamos contra lo que es y en el proceso, además, nos damos el balazo en el pie y no disfrutamos lo que sí es, lo que sí hay, lo que sí somos?, ¿por qué?

Estamos gastándonos la vida en la espera de tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, estar con quién no estamos y vernos como no nos vemos. Y les tengo una (pésima) noticia: que en el supuesto caso de que un día todo eso se les cumpliera, tampoco estarían contentos porque el tema no era su físico, ni su cartera, ni su pareja… era su autoestima.

Pensamos que lo que nos define es la apariencia, nuestra casa, nuestros viajes, nuestras fotos, nuestros planes sociales y lo guapí[email protected] que nos vemos con el último modelito, el perro, el reloj, el cuadro, el “algo”, el “alguien”… por eso queremos más de todo. Por eso compramos todo. Nos tomamos todo. Nos ponemos todo y no comemos nada.

A ver.

Tener cosas que nos gustan es increíble, yo también soy fan del shopping, no crean que no. El problema es que andamos muy confundidos y nos ha dado por pensar que comprar es sinónimo de ser. Que la llave del paraíso es una cartera (Louis Vuitton) llena de dinero, una agenda llena de eventos sociales jetseteros, una —o varias— personas colgadas de nuestro brazo y, obvio, todas las redes sociales activas para poder “validar” nuestro contundente éxito como seres humanos ante la sociedad, posteando absolutamente todo lo que “somos” todos los días.

Y, sin embargo, nunca hemos estado tan jodidos como sociedad.

No hemos entendido nada, el sentido de la vida va exactamente para el otro lado.

Queremos que todo sea perfecto (y estar perfectos) cuando, al contrario: necesitamos de los malos momentos para generar los buenos y de nuestras imperfecciones para ser nosotros.

Aprender a estar en paz, satisfechos, contentos, con lo que hay.

Qué gran reto.

Aceptar lo que es. Cuando es. Como es.

Nos pasamos la vida evitando el dolor, el tiempo, la ansiedad, la tristeza, el estrés y la ley de la gravedad en nuestros cuerpos. Cualquier emoción o situación negativa es inmediatamente rechazada, negada y por supuesto “reparada” lo más rápido posible y eso, ¡ESO! es lo que hace que el camino se haga infinitamente más complicado y que nadie nunca esté realmente satisfecho.

¿Y saben qué? Que nunca vas a estar feliz si no aprendes a asumir que lo que ves es lo que hay y que, a veces, la vida apesta y eso, está bien.

Qué importante también saber que todo es temporal. Hacernos amigos de la impermanencia, saber que todo pasa y volvernos expertos en valorar cada momento de la vida…solo que a veces tenemos la cabeza tan metida en otra parte (como en el culo —por ejemplo—), que ni siquiera nos asomamos a verla.

Disfrutar el ahorita y dejar de pretender que todo sea perfecto porque, de otra manera, cuando la realidad nos alcance, el madrazo va a ser descomunal.

Les recuerdo que nosotros también cambiamos continuamente, que nunca somos los mismos (¡afortunadamente!) y que el testigo principal de eso es, nos guste o no, nuestro cuerpo: el reflejo fiel de los años.

La seguridad que implica cargar bien tus canas, tus arrugas, tu cuerpo y llevar todo eso con una sonrisa franca y los pies bien plantados en el piso es, créanme, infinitamente más atractivo que cualquier tipo de filler o de las torturas estratosféricamente caras a las que se sometan.

Señoras, señores: asúmanse.

Hagan ejercicio. Coman sano. Pónganse bloqueador. Duerman bien. Bájenle a la fiesta (FYI es c-e-r-o cool seguir siendo el pedas en todos los eventos). Vístanse como les dé la gana, pero que se vean cómodos en su piel, no [email protected] Vayan por la vida como sea, pero con dignidad y con su propio estilo, (no con el que define la real academia española de lo que está de moda). Le aseguro que eso los hará verse infinitamente mejor que cualquier cosa que se embarren se cuelguen o se puedan inyectar.

Asúmanse.

Porque si algo tiene de chingón tener más años es precisamente eso: la experiencia, lo vivido, lo sufrido, lo que te ha hecho ser diferente a todos los demás. Dejen de estar tratando de entrar en el molde, cubrir las expectativas de los demás, parecer barbies y ser esclavos de la moda.

¿Saben por qué los hombres se ven mejor canosos y todo el mundo dice que la edad les sienta bien?

¡Porque se aceptan como están! Porque toman los años como un plus, no como un enemigo (bueno y también porque los cabrones tienen un metabolismo mucho más efectivo que el nuestro). Simplemente se asumen.

Y eso ¡eso! es la cosa más sexy del mundo. Asumirse

Ojo: esto no quiere decir que se tiren al abandono (Sres o Sras) ni que no hagan unos abdominales, o una dieta de vez en cuando para bajar esos 5 kilos antes de que sean 30, ni que esté mal pintarse las canas. Cada quién haga lo que le parezca. ¡Pero modérense! Paren por favor con el look de amante de telenovela que incluye todo: las extensiones, las uñas con brillos, los jeans embarrados, las chichis desbordadas, la ceja tatuada, la pestaña quesque súper natural (pero postiza) y los tacones que cuando caminan parecen pollos espinados… ¡no abusen!

Por definición, la vida, es imperfecta y ESA es precisamente su enorme magia.

Así que paren de sufrir, dejen de azotarse y acepten lo que que es.

Porque efectivamente, la vida se va demasiado rápido y la única cosa que sí me parecería una tragedia es morirnos sabiendo que la desperdiciamos.

Nada podemos hacer contra el tiempo, más que seguir avanzando…eso sí, con una buena dosis de dignidad y un chingo de sentido del humor, para, como dijo el lobo feroz, reírse mejor.

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