La Patrulla

Patrulla
Foto: Twitter Gobierno CDMX

1 de la mañana. Mi madre llevaba 12 horas buscando su coche… coche, lancémonos a la delegación.

SIEMPRE que vas a la delegación es porque tienes un pedo. Digo, uno nunca abre el ojo y dice ¿qué plan hoy? ¡Vamos a la delegación, se pone poca madre!

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Creo que el gobierno debería tener consideración del grado de estrés y sufrimiento con que uno llega a la delegación y echarle ganitas. Como en un mercado. 

Llegas y en todas las ventanillas te gritan: pásele güera, ¿qué le arreglo? ¿El trámite, la denuncia, el ojito morado? 

Pero no. Nos tocó la marchanta más amargada de la vida. Bien jetona, nos dice: ASUNTO 

Le contamos toda la historia y nos dice -“Uuuuuuuuuuu no se va a poder, lo que pasa es que ahorita (1 de la mañana, insisto) es nuestra hora de comer, si gusta güerita, siéntese allá, espere dos horas y ya nos ponemos a trabajar”. 

Nos sentamos a esperar. Nos empezaron a hacer plática todos, las suripantas, las meretrices, los borrachos, los amigos imaginarios de los borrachos. 

Esperamos 15 minutos y le digo a mi mamá: -Ma, voy a preguntar quién es el jefe aquí, y si no me hacen caso… lloras. 

En modo muy mona, me acerco de nuevo a marchanta feliz. -Buenas noches señorita, disculpe ¿quién es el jefe aquí? Quiero hablar con él.  Uuuuuuuuuuuuuu no se va a poder. 

Respiro. 

-Señorita, usted me va a entender. ¿Ya ve cómo nos podemos encabronar súbita e irracionalmente las mujeres?, ya casi estoy ahí, le silbo con los dientes apretados.

Me traen al comandante, nombre de batalla: Cóndor. Putísima y se casó de blanco, pienso.

Cóndor es el Todas mías, macho alfa, power ranger negro, lomo plateado, Valentina de la que pica.

Le llama a sus dos mejores achichincles y les dice: -A ver cabrones, acompañan a la señorita y su señora madre hasta que la unidad aparezca.

El agente Pitirijas y el oficial Peluso nos abren la puerta TRASERA de la patrulla Mi mamá y yo nos volteamos a ver (cara de terror y luego de ya ni pedo). 

Nota aclaratoria. Lo jocosa definitivamente no lo heredé de mi madre. Ella es muy formal, intelectual, académica de la UNAM. Siempre propia y bien peinada.

3 de la mañana, patrulla, sirena, nosotras atrás. La poquita gente que caminaba, volvía a voltear para asegurarse de haber visto bien. -Ma, ¿ya viste cómo nos ven? Le pregunto a mi madre. -Si hija, han de pensar que estás trabajando y yo te regenteo. 

Recorrimos tritimil corralones. Nada. 

Nos fuimos alejando cada vez más de la mano de dios. El último corralón que faltaba era el de San Andrés Tomatlán Tepetlaco. 

¡Ahí estaba el coche! 

Taraaaaaaaaa, a esas horas ya no sabíamos qué nos daba mas alegría, no haber sido violadas, tener nuevos amigos policías o encontrar el puto coche. 

Vamos a la ventanilla. -Papeles (tono naco, revisa, se chupa el dedo, consulta la compu) Uuuuuuuuuuuu, no se va a poder.


-¡No me chingues, vengo de parte del Cóndor! Le digo a Madame eficiencia.
-No se agite mamasita, mire, su tenencia sí la tiene que pagar. 

-¡Carajo! ¡Es domingo! ¿Dónde la pago hoy? (voz quebrada, 12 horas de búsqueda y autodestrucción) No se agite mamasita, aquí en la comer de Tultitlán del Valle está abierta la tesorería. 

One more time a la patrulla. Sirena. Llegamos a la Comer. Pitirijas y Peluso… ¡se ponen atrás para escoltarnos escopeta en mano!

La tesorería estaba al final de la comer.
La dignidad la dejamos en la entrada, en paquetería.
Atravesamos frutas verduras, abarrotes, lácteos salchichonería.
Las miradas se dividían en dos, unas clarito preguntaban ¿Qué habrán hecho estas pendejas que se las están llevando? Y otras nos sentenciaban: ¡Pinches prepotentes, ahora resulta que las señoritas tienen que hacer el super escoltadas! 

Pagamos, va de nuez al corralón.
Papeles (tono naco), revisa, se chupa el dedo, consulta la compu. 

Uuuuuuuuuu no se va a poder, fíjese que hace rato, o sea antes, previamente pues, cuando usté vino, había sistema, pero… ¡se fue! 

Abrazo a mi mamá y le digo MADRE LLORA AHORA. Salimos con el coche.

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