La prueba de los hijos (Parte I)

Parenting
Foto: Priscilla Du Preez on Unsplash

Los hijos son una gran prueba. No solo por todos los esfuerzos económicos, emocionales y en tiempo que su educación implica, sino porque a través de ellos se juega el narcisismo de los padres, como indicador más de que tan exitosos han sido en la vida. Freud planteaba que una de las formas del narcisismo es la extensión del propio yo hacia los hijos.  Ojo esto no es necesariamente consciente. Seguro pueden recordar más de algún personaje que en reuniones sociales tiene una capacidad inagotable para contar historias y proezas acerca del ingenio de sus descendientes.  Pues bien, esa una forma de hablar de uno mismo.  

Ese narcisismo también es muy evidente cuando “salen en defensa” de los hijos.  Es el caso de organizar una cruzada en contra de alguna maestra, que parece no entender que se encuentra con un genio que necesita una atención mucho más personalizada, como por ejemplo que le recuerden meter a la mochila la libreta de tareas.  O cuando quieren intervenir en la dinámica social de los niños en la escuela, forjando alianzas con otros padres para hacer planes y juntar a los niños que les parece son una sana influencia para los suyos alejando a su vez a los que parecen “tóxicos”.  Las escuelas tienen grandes dificultades en regular estas dinámicas porque no son evidentes, pero se encuentran cada vez más acorraladas por padres indignados que buscan defender a sus hijos a costa de lo que sea, incluso a costa de una realidad que exige de un aprendizaje por parte del niño.

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Controlar el mundo no funciona.   Y al pasar el tiempo, los hijos van generando un camino, con un poco de suerte sus propias amistades, sus fracasos y alguno que otro logro.  Lo que estos niños en su mayoría no aprendieron fue a tolerar la frustración y sobreponerse a ella.  Frustración de no entender temas en la escuela, por lo tanto todo lo que sea difícil de ahí en adelante será descartado, frustración de no ser populares por lo tanto tendrán conductas maniacas que buscaran llamar la atención, o sintiéndose fracasados caerán en un ostracismo en el que se alejan de la vida social.  Frustración de no estar a la altura de eso que los padres “creen” que son o “deberían ser”.  Entonces, los padres rebasados por la situación piensan por primera vez que algo puede andar mal, y deciden buscar ayuda.  Están en lo correcto,  porque como dice Françoise Dolto “donde el lenguaje se detiene, lo que sigue hablando es la conducta”.

Lo que quizá algunos intuyen, pero no saben del todo, es que los hijos también son el escenario de los conflictos no resueltos de los padres ya sea en lo individual o entre ellos.  Por lo general es el niño “problema” el que viene a representar el síntoma de lo que sucede en el universo familiar.  Para mayor referencia, en libro de Maud Mannoni “La primera entrevista con el psicoanalista” se enumeran gran cantidad de casos clínicos de niños en los que todos esos problemas de conducta, aprendizaje, atención y dificultad para dormir son una encarnación de lo que sucede en el sistema familiar.

Para muchos padres es muy difícil pensar que sus hijos no son perfectos o en sus palabras “normales”, con lo cual se niegan a buscar ayuda.  Este es otro ejemplo del narcisismo extendido, que no permite cuestionamiento.  A veces alguno de los padres tiene que pedir ayuda a escondidas del otro.   Pero esto, no hace sino evidenciar nuevamente un escenario roto en la casa.

Ser padre no es fácil, con el nacimiento de los hijos se reactivan muchas dinámicas de historias propias que no fueron suficientemente elaboradas, pero que en su momento fueron muy dolorosas.  Cada quién conoce las suyas.  O no… y necesita comenzar a preguntarse y recordar.   Pero muchas veces son los padres los que tienen que ir a consulta y no los niños (Continuará)

@IngelaPsi

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