Las estatuas de marfil

Foto: an dooley on Unsplash

A las estatuas de marfil, una dos y tres así, el que se mueva baila el twist ¡freeze! Ni un respiro se escucha, ni un pelo se sacude, nada… En este momento de mi vida, éste, sería mi sueño guajiro. Y es que la verdad, todavía no decido cómo quiero envejecer. No sé aún qué corriente voy a seguir en este proceso: si la de “aceptar con dignidad las arrugas y el peso de la gravedad” o la de “dejarme seducir por el mundo del bisturí”.

Considero que medio he logrado hacer las paces con el pasado y por primera vez siento la amenaza del tiempo que corre hacia el futuro. Sí, acercarme a los 50 me asusta, aunque me consuela pensar que estaba igual de asustada cuando se aproximaban los 30 y los 40. ¿Por qué los ceros siempre habrán de marcar cortes en el tiempo como si se tratara de un ultimátum?…

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Los cambios físicos son inminentes pero son sólo una metáfora de los otros cambios, los que de verdad importan y que también son irremediables. Los cambios con mayúsculas como La Muerte, Las Pérdidas, El Olvido.

Nada me gustaría más que permanecer en esta inmutabilidad otro ratito, en la que mis hijos todavía me necesitan (muy poquito y cada vez menos), en la que mis padres no me necesitan (tanto), en la que tengo a flor de piel la energía y que por fin ha encontrado el cause para ser más creativa que destructiva (a veces). Estoy consiente de mi contradicción con esta época en que lo dinámico es el valor por excelencia, en la cual se persigue el cambio y se desecha tan pronto se consigue. Sé que el desear el estatismo y la permanencia de las cosas me hace ver anacrónica y extemporánea. Pues sí. Así ando.

Los cambios han sido mi coco toda la vida, pero llegaban tan rápido y sin anunciarse que más me valía ponerme flojita y cooperando. La diferencia con este Cambio es que lo veo venir por anticipado y no me queda más que preguntarme ¿deberé de prepararme? ¿necesitaré un plan para hacerle frente o me lanzo como siempre, como el vil borras?…

Por supuesto que no tengo las respuestas, pero al parecer el hecho de plantearme las preguntas me coloca en un lugar distinto (¿El de la “madurez”? ¡Qué miedo!). La única certeza que hoy tengo es que las estatuas de marfil quedan fuera de toda posibilidad en mi vida; en primer lugar porque se trata de algo políticamente incorrecto desde su esencia, una cosa es que no me gusten los cambios pero de ahí a llevarle la contraria a los movimientos ambientalistas sobre la caza furtiva de elefantes con el fin de extraer sus colmillos para hacer artículos de lujo con el marfil, estoy muy lejos. Y en segundo término, porque muy dentro de mi presiento que lo que está por venir sabré -también- exprimirlo para disfrutar de todo su juguito.

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