Las mañaneras como una evocación de Fidel Velázquez

Fidel Velázquez
Foto: Twitter Heriberto García
Profesor Doval
 

Sólo hay un Fidel Velázquez en esta gran nación, que es Méjico, y no habrá más. Aquí, si un señor Velázquez tiene un hijo, no lo bautizará como Fidel. Es como Adolf y Hitler. Fidel Velázquez fue lechero y uno de los fundadores del PRI. También fue su ideólogo. A él se le deben memorables sentencias como la de «el que se mueve no sale en la foto», que alude a la férrea disciplina al interior del partido a la hora de repartir el hueso, sobre todo, el de la presidencia de la república. También es digna de colocar con letras de oro en algún lupanar aquella de «a balazos llegamos, no nos van a sacar con votos» que sintetiza a la perfección el ideario priista. Luego de que los salvajes revolucionarios por fin lograron dejarse de traicionar y asesinar para acordar el reparto del botín –el botín es la fortuna de los empresarios que saquearon durante la revolución–, no iban a permitir que las elecciones democráticas durante la segunda mitad del siglo XX les arrebataran el fruto de la rapiña.

Fidel Velázquez
Foto: Twitter CTMSALGADOFERNANDO

Por eso él dio forma y sentido patriótico a las celebraciones del 1 de mayo. Bajo su amparo, el desfile por el día del trabajo se convirtió en una liturgia para rendirle loas al presidente y para recordarle que no era sensato meterse con la fuerza obrera mejicana, so pena de que le clausuraran el país con una huelga monumental. En cada desfile, Fidel le mostraba al presidente a todo el pueblo bueno que podía reventarle la oficina con un simple chasquido de sus artríticos dedos.

Pero, además de consolidar el poder sindical y mantener la calma obrera al frente de la omnipotente y plenipotenciaria CTM durante los pininos neoliberales del país, don Fidel –siempre adelantado a su época– inventó un mecanismo de control más poderoso que el dedo del presidente en turno. Lo que creó Velázquez fue el diálogo circular con los medios de comunicación a través de una conferencia de prensa periódica. Con esta herramienta eficaz, don Fidel consiguió tres objetivos fundamentales para que el neoliberalismo no hiciera mella en el pueblo bueno y trabajador: 1) establecer la agenda mediática, 2) advertir y amenazar a sus adversarios y 3) mantener la política proteccionista.

La conferencia de prensa era semanal, cada lunes, hacia media mañana, para que las redacciones alcanzasen a preparar las notas en cuestión, que no eran más que el resumen de las instrucciones giradas por don Fidel; pero, principalmente, que las poco audibles órdenes del mandamás sindical salieran en el noticiero de esa misma noche, explicadas claramente por Jacobo Zabludovsky. Así, don Fidel inventó el dijonismo como método periodístico. Sus declaraciones de cada lunes eran titulares al día siguiente. El periodismo mejicano se decantó rápidamente hacia el dijonismo, del que no ha salido aún y con eso también se adelantó a nuestra época: que un tuit sea noticia.

Fidel Velázquez
Foto: Twitter Neftali Ortiz

No recuerdo cuándo empezó esta rutinaria estrategia de comunicación y control. Seguramente fue a mediados de los ochenta, después del mundial del 86. No sólo había una insistencia en convertir a Méjico en un nuevo miembro del club del GATT –el abuelito de la OMC–, sino que ya empezaba a resultar incómoda la indisciplina de la corriente democrática del PRI, que buscaba métodos políticos más civilizados que los balazos de la revolución.

Don Fidel hablaba desde un despacho, apoltronado en una sillota, con decenas de micrófonos sobre un escritorio de caoba brillante, al pie de su ya agrietada y colgante papada. Pasaba los 80 años y balbuceaba ante las cámaras. Desde su sede patriarcal lanzaba saliva y ponía orden. Desde esa atalaya obrera, llegó a corregir al candidato Salinas –quien encabezaba la ruta de Méjico con rumbo al neoliberalismo y amenazaba al movimiento obrero–. «Salinas –dijo Fidel en una de esas conferencias– no servirá a los intereses de la iniciativa privada porque es un hombre de gobierno que se debe al pueblo y él entenderá. Están equivocados los dueños del capital si piensan que el candidato priista gobernará para satisfacer sus intereses».

Fue el amo de la declaración ante grabadoras y micrófonos. Con habilidad inusitada y voz pausada, escabullía a los requerimientos de los reporteros. Ya en su vejez –o sea, muy viejo… casi al borde de la muer… bastante deteriorado, quiero decir–, un lunes dijo algo sobre que los trabajadores podrían pagar la deuda externa del país. Descabellado. Al lunes siguiente lo negó todo y acusó a los reporteros de tergiversar su declaración de la semana anterior: «Ustedes dijeron todo lo contrario de lo que yo les dije», zanjó.

En otra ocasión, acababa de revelarse la identidad del subcomandante Marcos, le preguntaron algo sobre la crisis económica, cosa que le incomodó. Don Fidel se dirigió directamente al reportero: «Usted ya se está convirtiendo en cómplice de Marcos. Todo lo echan en contra de uno; todas las preguntas tienden a desprestigiar al gobierno. Síganle por ese camino; a lo mejor también los meten a la cárcel».

Fidel Velázquez
Foto: Twitter Fidel Velázquez

Además, permitió que la fuente noticiosa estableciera una nueva relación con los reporteros. En la sede de las conferencias de los lunes, se les agasajaba como en brunch dominical. Don Fidel besuqueaba –babeaba– a cuanta reportera osaba acercársele. Incluso, ya en los noventa, su esposa hizo hasta lo imposible para que la rutinaria comparecencia ante los medios de comunicación se acabase. Pero sólo la muerte pudo terminar con esa genialidad de la comunicación política que fueron las conferencias de prensa de cada lunes. Sin embargo, no habrá otro Fidel Velázquez, tan dueño del pueblo y de las ruedas de prensa. Por lo pronto, ñas mañaneras de AMLO son una aproximación a ese pasado en que un hombre canoso hablaba y los medios reproducían.

Fidel Velázquez
Foto: Twitter Un Dia Como Hoy

@ProfesorDoval

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