Llegando a los 48

Lissette Sutton 48
Foto: Free-Photos from Pixabay
Lissette Sutton
Foto: Lissette Sutton

En una semana cumplo 48 años. Mi vida oscila entre la nostalgia ochentera, (más de moda hoy que nunca) y mi wannabe (o mejor dicho needtobe) una millennial.

Mi añoranza por los 80’s es genuina, por más que hoy suene a cliché, se me siguen revolviendo las entrañas cada vez que les cuento una anécdota de mi juventud a mis hijos millennials. Sin embargo, también mi necesidad por acercarme al mundo como es hoy, me jala.

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Oscilo entre estos dos polos y constantemente me cacho a mi misma dando patadas de ahogada para adelante y para atrás. Es decir, tengo Facebook pero no Instagram. No escucho Cd´s pero tampoco tengo una playlist propia en Spotify. Cada vez que quiero oír mi música la busco por temas: “Rock de los 70´s” o “Rock clásico”, aunque debo reconocer que Myst es como si fuera mi playlist de cabecera.

Antier mi hija de 20 años, en un acto que intuyo fue más de caridad que de amor, me dio una “clase” sobre memes. Más rápido de lo que mi vista podía captar las imágenes, su dedo seguía scrolleando la pantalla de su iPhone, pero haciendo acopio de toda mi concentración para poder seguirle el paso, creo que pasé la lección, cagada de la risa y disfrutando de la creatividad, ironía y sarcasmo de los memes. No me mal entiendan, no es que fueran taaaaan nuevos para mí, pero ver páginas y páginas enteras de éstos, sí fue una revelación.

Hubo un momento en que mi parte ochentera, me jalaba hacia el pasado tratando de buscar un referente y de pronto tuve una imagen muy clara. Una mañana de domingo, seguramente de principios de esa década pues yo todavía era una niña (diez u once años quizá). Mi abuelo sentado en su sillón con el periódico abierto entre las manos y mostrándome cómo funcionaba el arte de las caricaturas o tiras cómicas. Inaugurándome con paciencia en la sutil burla política que se hacía en esa época a través de éstas. Él me enseñó a captar el sentido del humor y a descifrar códigos y dobles sentidos que más tarde, ya en mi adolescencia, me llevaron a devorarme todos los números de Mafalda y similares que caían en mis manos.

Confieso que muchas veces me asalta una angustia horrible cuando pienso en lo poco informados culturalmente hablando que están hoy los jóvenes, en este mundo de sobreinformación. Y quizá me engaño con un falso consuelo pero me digo que esta es su manera de acceder a los temas políticos y culturales de su tiempo.

Me consuelo al recordar cuando mi mamá me juzgaba por ir en taxi a todos lados durante mi adolescencia, presumiéndome que su medio de transporte era el camión (el Juárez – Loreto para ser exacta). Y me veo repitiendo la escena con mis hijos al mentarles la madre por lo afortunados que son de tener en la mano un transporte en el momento que lo decidan. Uber. ¡Ni en mis sueños más guajiros se me hubiera ocurrido!

Me consuelo cuando mi hija se burla de que tecleo el celular con el dedo índice y no con los dos pulgares. Lo que no sabe, pienso para mis adentros, es que este mismo dedo índice, y jamás los pulgares, es el que usaba para marcar el disco del teléfono hace unas cuantas décadas.

En una semana cumplo 48 años. ¡Qué suerte la mía!

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