Lo femenino

Lo femenino
Foto: Twitter GiulianoDeMedici

Advertencia:  Si usted ya está en conflicto con el tema de lo femenino, es probable que ya esté [email protected] y lo que a continuación va a leer sólo reforzará su punto de vista a favor o en contra. No puedo tomar responsabilidad de ello. Si quiere que reflexionemos juntos lo invito a seguir leyendo.

Hablar sobre lo femenino es una tarea que requiere cierto estómago porque ocasiona una avalancha de críticas y cuestionamientos por demás violentos. Por un lado, esto quiere decir que es un tema tan conyuntural, que despierta pasión en todas sus formas. Según Lacan (psicoanalista francés) las formas de la pasión son amor, odio e ignorancia. Si imaginamos una conversación con amigos, en una mesa de debate o en redes sociales podemos imaginarlas presentes a todas ellas. Por otro lado, se convierte en un tema tabú del cual pocos se atreven a hablar por temor a equivocarse o recibir una lluvia de críticas de los que difieren. El costo es el silencio, la marginación y la alienación. Así que aquí identificamos uno de los primeros problemas para hablar de lo femenino y es que parece convertirse en una verdad de sentido único.

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Existe en México además un tema de justicia o más bien de impunidad, problema que se repita también en otros países de América Latina. Los feminicidios y la violencia hacia la mujer parecen no tener límite. O al menos el Estado es incapaz de impartir una justicia que ponga límite a la barbarie. Así, las mujeres nos necesitamos acompañar para caminar juntas en este reclamo de justicia.  En el camino se le reclama a un Estado que en su forma patriarcal no parece alarmarse de la violencia a las mujeres. Una violencia que se ha ejercido y ha funcionado sistemáticamente desde siempre y que solo ahora es visible porque es rechazada, antes solo se aceptaba o toleraba.  Así en este reclamo encontramos expresiones de dolor, odio, desgarramiento y resentimiento ante el marasmo de las autoridades y, por supuesto, de manera desafortunada también encontramos la infiltración que busca desligitimizar una demanda que es a todas luces justa.  Así la conversación se desvía acerca de la manera de protestar, si es válida o cívica en lugar de refrendrar la desesperación y cobijar el abandono de todas las familias que han sido víctimas de las pérdidas. Cuidado con entrar a dialogar sobre el cómo es la manera de desviar la conversación sobre el qué. En estos momentos de posverdad hay que poder leer mucho más allá de lo aparente y también saber separarse de las narrativas que buscan perder el punto de vista. Son decenas de miles de desaparecidas. Eso debería ser intolerable para todos y punto.  

En este contexto, existen críticas como “las verdaderas feministas hacen X o Y… “En realidad ¿Quién puede subirse a un pedestal para dirimir quiénes son las verdaderas feministas y quiénes no? ¿Quién cree acaso que puede ostentar una sola verdad acerca de lo que es el feminismo?Nuevamente pensando en el sentido único. Es tan fácil caer en el terreno de lo binario. Existen dos posiciones, cuando lo que conlleva la tolerancia, la cordura, la experiencia al final de cuentas la sabiduría es que la riqueza está en los matices, en la diversidad, en los colores.

Freud, que sabía muchas cosas a partir de escuchar, también ignoraba muchísimas otras sobre todo lo referente a la mujer, al reconocer esto dijo que la mujer “es un continente negro”. Lo que Freud admite es que para él la mujer es un enigma y hará intentos, algunos torpes y otros mejores para tratar de acercarse, quizá sabiendo desde siempre que su tarea era imposible. Lo que hace sí hace Freud muy bien es que cuando una paciente le dice “deje de decirme cosas para que pueda seguir hablando”, él la escucha. Y la escucha muy bien. A partir de ahí, se dedica escuchar a la mujer como quizá no se había hecho antes y es gracias a la escucha a las mujeres que nace la práctica analítica. Si bien lo que postula puede ser controversial, el acto de escuchar es un acto inaugural. Podemos pensar en esta posición para los hombres hoy qué se preguntan qué hacer. A los hombres se les invita hoy a escuchar, a ver, a entender, a aprender, no a saber, no a organizar, sino a acompañar. No a defender, sino a cuidar.

Algo singular de lo femenino es que es incluyente y que acoge, esto lo hace una fuerza sigilosa. Tan acogedora que al final lo femenino terminará por pertenecer a hombres y mujeres. Aquello que se contraponga al hombre en general sólo estará enfrentándose e invitando a cambiar de una posición de un poder por otro poder. Como si se tratara de un tema de dominación.  Y como dice Jessica Benjamin -psicoanalista que radica en NY- en su libro Bonds of Love, la dominación es una manera retorcida de plantear los lazos amorosos (es decir los lazos que nos vinculan). Lo femenino también incluye la capacidad creadora (que no tiene que ver con la reproducción), y ésta posibilita fundar de dos posturas algo nuevo. Porque lo femenino envuelve y rodea, pero no circunscribe, porque lo femenino nos debe pertenecer a todos.

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