Millennials + Generación Z = ¡Ah jijo!

Millennials + Generación Z = ¡Ah jijo!
Foto: Callum Shaw on Unsplash

Alucino la postura varicosa que sostiene que tiempos pasados siempre fueron mejores, que la juventud está perdida.

Si como padres deseamos que nuestros hijos nos puedan superar, esta condena anticipada resulta totalmente contraproducente.

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He oído muchas veces como los millennials no se interesan por nada, que vienen siendo una generación bastante guanga. Permíteme diferir. Me explico:

La entrada triunfal de los millennials en mi radar fue en el terremoto de 2017. Ellos, los apáticos, vale madres, rápidamente organizaron sus deditos y teléfonos para hacer redes, estuvieron presentes como ciudadanos solidarios, nadie los arreó, solitos asumieron la batuta ciudadana.

Ya desde ahí, díjeme, el león no es como lo pintan. Sus padres fueron sometidos, callados con miradas matonas y pocas veces se hablaban de emociones en esas anticuadas casas. Ellos, los millennials, son producto de la psicoterapia, de sus padres y propia, son buscadores de experiencias, rompedores de moldes, simplemente no se les da la gana seguir las convenciones.

Siguiente aparición de esta generación en mi vida, ahora solo fueron LAS millennials: la marcha del 8 de marzo. Yo asistí, acompañada de mi hija, casi de dieciséis primaveras, por lo tanto generación Z. Lo que vimos ahí fue el predominio de Millenials, mi hija y yo éramos edades extremo, no las promedio. Vi montones de mujeres de 20 y 30 años básicamente hasta la madre del patriarcado, pero también bastante enfocadas y sin miedo a decir ¡párale mano! Ellas, con su rompedera de moldes, la tecnología pegada a la mano, organizaron la marcha en muy poco tiempo, con resultados espeluznantes, si no para el país entero, por lo menos para quienes tuvimos la fortuna de verlas en acción.

Y ahora, tenemos a la generación Z. Esa, en tecnología y redes le dice a los millennials quítate que ahí te voy. Con opinión en la boca sobre cualquier cuestión y estate quietos a flor de piel.

Creo que la inercia se va sumando. Los millennials han empezado a poner el reflector sobre temas escabrosos: el acoso, el feminicidio. No son nuevos, solo que ahora el video ya tiene audio.

Poco antes de la marcha circulaba la canción chilena “El violador eres tú”, eran esos bonitos tiempos donde no había distancia social, y las fiestas tenían gran concurrencia. Llevé a mi hija a una fiesta, regresando desmenuzamos el evento. Venía brincona, y es que ella cuando está muy feliz, o muy enojada, o muy puberta, brinca como chapulín, aunque esté parada, le brinca la cara, las ideas y la voz. Brincando me contó: Ma, ¡pusieron la de “El violador eres tú”! ¿Y qué pasó? ¿Cuál fue la reacción? Fue muy curioso ma, porque todas las niñas como que nos empezamos a enojar y a gritar la canción, y se las cantamos a los niños. Algunos niños ponían cara de “chill girl”, pero la mayoría se pusieron a cantar con nosotras, con actitud de esto no puede seguir.

Fast forward unos meses, ayer mi hija llega brincona. ¡No sabes lo que acaba de pasar! Se creó una cuenta en Instagram, de apoyo entre chavas generación Z para casos de acoso y abuso. La cuenta fue creada porque en este país si sacar una reposición de licencia es una prueba a la paciencia y perseverancia, no se diga levantar una denuncia. Ya que las autoridades piden pruebas contundentes, esta cuenta ha tomado en sus manos que la denuncia sea social. ¡TRAS TRAS TRAS! Y siguió: yo no conozco a nadie de los que han denunciado, excepto a uno. Ese uno resulta que es un chavo guapo, modelo, influencer que varias marcas patrocinan. No fue expuesto por una sola niña, sino por varias. Todas denunciado conductas tipo Louis CK (para mas información consulte: como terminar una carrera de StandUp vía exposición en redes). Con hashtags llamando a las marcas y denunciando, este muchachón cerró o le cerraron sus cuenta y quedó bastante mal parado socialmente.

Mi primer impulso fue pedirle a mi hija precaución, recato, templanza o algo por el estilo, porque uno no sabe, porque no le consta. Y de repente me sentí agente de ministerio público ¿algún testigo que pueda confirmar que la violaron? ¿alguna prueba? Porque antes de poner en duda la honorabilidad del abusador, hay que cuestionar profundamente a la mujer, no vaya a ser que ande histérica o exagerada. Porque uno debe tener ciudado de no dañar la psique del agresor y orillarlo a una depresión, o hasta un suicidio, como si la denuncia fuera el hacha, totalmente desligada de la conducta que generó esa denuncia. Y dije, ¡bien! ¡bien por estas chamacas que hacen sus denuncias, a veces anónimas, pero muchas veces con nombre y apellido, de ellas y de su agresor.

Para mí fue una ojeadita al futuro, igual que con el tema del temblor, probablemente la solución esté en la sociedad civil, y tal vez el repudio social pese más que la lejana consecuencia judicial.

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