Paperas

Paperas
Foto: Twitter 💚 Valeria Edelsztein 💚

En mi mente se repite constantemente el mensaje de un cuento de James Joyce contenido en “Dublineses”, en éste, el narrador después de toda una vida de calamidades se cuestiona tranquilamente: ¿Qué es la vida sino el paso entre el nacimiento y la muerte teniendo que cuidar, eventualmente, de las paperas de los hijos? (o algo así). Y es que el bombardeo de información más la realidad cotidiana, hace que esa frase de Joyce taladre mis oídos unas cuantas veces al día.

Una vez que los concibes y los meces nueve meses dentro de tu panza, empieza un circo infinito de cuidados e invocaciones divinas que no acabarán jamás. “Ay diosito, que no se enferme, que no vomite, que no se roce, que crezca sano, que ya gatee, que ya camine, que coma bien, que aprenda a hablar, que tenga amigos, que sea feliz, que no se raspe, que no se caiga, que no se contagie, que sepa cuidarse, que sepa querer, que….”

Y un buen día amaneces y hueles la fragilidad en el aire. Y entonces rezas: “Ay diosito, que no lo secuestren, que no lo rapten, que no trafiquen con sus órganos, que no lo violen, que no lo maten, que…”

Y tratas de convencerte de que no tienes por qué reprocharle a este siglo toda su violencia e incoherencia; que las guerras y matanzas que asolaron a otros siglos no fueron menos sangrientas, y evidentemente, sobrevivieron madres e hijos. Y quieres creerlo y no quieres creerlo. Y entonces quieres quererlos pero también deseas no quererlos. En esos momentos oigo la frase de Joyce en mi cabeza, y como un bálsamo, veo la imagen de una madre cuidando las paperas de su hijo mientras las estaciones se suceden en un segundo plano.

Y suplico: ¡mándame unas paperas que cuidar!

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