Pensé que sería más fácil

Yo ideal, deseo
Foto: Nick Turner on Unsplash

No sabes en qué momento todo pareció más complicado, como una montaña que remontas todos los días. Llegas de trabajar cansado a casa entre las 7 y las 9pm.   Con no menos de una hora de tráfico sobre las espaldas. En casa puede esperar la familia y/o pareja que te ayudará a desconectarte de eso que sucedió en el trabajo y que a la vez espera cosas de ti, o también puedes encontrarte con tus mascotas que te aguardan ansiosas o tu hogar será un oasis de calma y silencio. Lo que ves te gusta, es algo que has creado durante años, y sin embargo adentro no puedes sentirte totalmente en paz.

Dos posibles temas intervienen aquí: yo ideal y deseo.

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La mente tiene una imagen acerca de como deberían ser las cosas, en ocasiones sabemos cual es esa imagen, pero en muchas otras no. Freud describe en “Introducción al Narcisismo” una instancia que llama “yo ideal”, y que es un cúmulo de ideas sobre cómo corresponde que sea la vida y sus interacciones.  Está construido a partir de las voces que cada uno fue escuchando de sus padres, educadores, maestros, autores que le fueron importantes, etc. La realidad se mide todos los días contra ese ideal.  Esa es la lente a partir de la cual se juzga la vida en general y se califica la satisfacción. 

Lo más complicado es que este lente es invisible y se convierte en una piedra que se lleva a cuestas sin saberlo.  De ahí reflexiones como “pensé que sería más fácil”.  Si lo miramos con detalle en lugar de ser una observación, se lleva más como un lamento que se reactiva todos los días.   Hay en el fondo un juicio sobre el ideal y la distancia con la realidad que le pesa a la mente.

Si tienes 40 o más, te formaste durante los 80’s y 90’s y el camino parecía claro. Estudiabas en una buena universidad, quizá hacías un posgrado en México o en el extranjero, siempre oíste decir que la educación era la mejor inversión. Después te contratabas en una buena empresa, en una paraestatal importante o en una universidad con una plaza académica… lo demás vendría solo.  Promociones, aumentos salariales un nivel de vida estable, vacaciones en familia, y la vida sería como un río que baja de la montaña al valle, porque el cauce ya había sido cavado.  Pero no es así. El mundo es más parecido a ese de vida líquida, vertiginosa como lo describe Zygmunt Bauman no hay un momento de descanso y parece que necesitamos seguir en un carrera porque nada es suficiente a pesar de todos los esfuerzos. Esto conlleva evidentemente a la sensación de cansancio y tristeza.  Es necesario por un lado poder despegarse de dos cosas.  La primera, abandonar la idea de que ése era El camino correcto. La segunda es que el mundo ha cambiado mucho.  Ese es un duelo que requiere elaborarse con el tiempo, pero que de no hacerse llevarán a una sensación de apagarse en vida.  

Por otro lado está el deseo, esa cosa inefable, pero que impulsa siempre a seguir adelante. El deseo es siempre insatisfecho y no hay  nada que lo pueda colmar. Quizá en el cansancio el deseo se quemó, no buscó otros campos, otras alternativas para seguir vivo y poco a poco se quedó estacionado, sin seguir buscando una vida más creativa.  Es como si un día el deseo se hubiera cumplido con la casa, la familia, el trabajo, pero a la vez fue su muerte.  

Se requiere buscar entender con cuales ideales batallamos, elaborar lo complejo de la realidad en esa “vida líquida” y por último buscar con creatividad el nuevo deseo.

@IngelaPsi