Playlists para casi todo

Karen Karake

Es uno de esos días en que el pelo me queda bien. Escojo una blusa blanca sin mangas y uso los anteojos transparentes que me hacen ver mejor, más jóven. Pongo el playlist: Canciones para cocinar y no es que vaya a cocinar pero sé que es una buena selección de música pop de las que pone de buen humor a cualquiera: Walking on sunshine, A fuego lento, Bohemian rhapsody… canciones para un día de pelo bonito.

Llego puntual a mi cita con el ginecólogo y un señor amablemente me detiene la puerta al elevador y debí de suponer que era un mal presagio el momento que me dijo, pase usted señora. Tengo 46 años, no pretendo ser jovencita pero no entiendo por qué el señora me molesta tanto. Al entrar al consultorio me saluda la recepcionista con un deme un segundito señora, el doctor estará con usted en unos minutitos. ¿Por qué me pesa el señora?. Volteo a mi alrededor y hay varias señoras con la pierna cruzada y sandalias sin tacón. Yo traigo puestos tenis dorados, mucho más cool, creo.

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Me pasan adelante y la enfermera me lleva al cubículo del doctor, me pide que me retire la ropa y que me ponga la bata. Me acomodan en la camilla, piernas abiertas, y me doy cuenta que ya no estoy tan nerviosa como lo había estado tantas otras veces. Estoy tendida ahí con la naturalidad de una profesional que ni suda, ni tiene ganas de ir al baño, ni piensa en playas para distraerse de lo molesto y embarazoso de la rutina ginecológica. Mi doctor no es de las personas que platica. No le interesa si estoy feliz, si sigo casada o si voy bien al baño. Hace las preguntas de rutina: ¿todo bien? Sí. ¿Sus reglas son normales? Más o menos. ¿Se da cuenta que lleva más de dos años sin revisión? Eh… sí, respondo pero él está en lo suyo, no me voltea a ver, nada más palpa y tacta.

Después de revisarme me sienta en su oficina y dice con su misma calidez, tiene dos quistes, uno en cada ovario, vaya aquí al laboratorio a hacerse un examen tumoral. Me habla pasado mañana. Buen día, me da la mano y sale. Siri es más cariñosa.

No sé qué hacer con la información. Tumoral. Uno no dice la palabra tumoral a la ligera, hay que diluirla, decir tal vez: tienes un quistecito que puede ser de agua, vamos a tomar unas muestras de sangre y vemos.

Camino al laboratorio y me fijo en toda la gente que va con su café de Starbucks en la mano platicando, sonriendo. Dudo si ir por mi café también pero en lugar de café me compro una dona.

Tumoral. Ok, respiro, tengo que desglosar el asunto. Si tengo tumor y es benigno se deja en paz y si es maligno ¿voy a llorar, a quién voy a llamar primero, me voy a morir? Me faltan cosas por hacer. ¿Quién hablaría en mi funeral?

Llamo a una amiga que es igual de irresponsable que yo en el tema de doctores. Le da un ataque de risa y me dice: eso nos pasa por pendejas. Hablar con ella me tranquiliza, y tiene razón, nunca vamos a los doctores.

Tengo dos días para pensar en mi bucket list. No quiero aventarme de ninguna avioneta ni de un bongi, no busco el thrill en las alturas, pero sí quisiera pasar un mes en un viñedo en la Toscana recolectando uvas, comiendo pasta y tomando vino. Quiero ver todas las series de Netflix, hacer muchas comidas en mi casa con karaoke y ver el concierto de Billy Joel sentada en primera fila. Quiero llevar a mis amigas a Israel y a las demás a un road trip en California. Ir a ver un concierto de góspel en Harlem, cenar en un restaurante de tres estrellas Michellin y conconocer a Oprah. (Le escribo diario a ver si me pela, pero no he tenido suerte). De mi familia es muy difícil escribir porque solo estar con ellos es suficiente, no tengo que ir a ningún lado ni hacer cosas extravagantes, solo estar me hace feliz. También quiero conocer Barcelona y subir el volcán de Agua.

No le platico a nadie de mis quistes, llego a mi casa, veo el ultrasonido y le tomo foto con mi celular. Tomo una diaria y aunque mi idea era tomarme una selfie luciendo mi blusa, las cosas no salieron como pensé. Me desmaquillo y noto que mi pelo no está ni brilloso ni se marcan los chinos, quizás me vería mejor con la cabeza rapada.

El día siguiente mientras voy manejando, recibo una llamada del doctor y me dice: ¿cómo está? y sin esperar mi respuesta me dice: tengo acá sus exámenes…leo aquí que todo está en orden. Antígenos, bien, mamografía bien, todo normal, acá nada mas me indica que ya está entrando a la menopausia, así que eso es todo, nada de que preocuparse. Buenas tardes señora.

Menopausia, como tumoral, son palabras fuertes. La pudo también haber dosificado. ¿Qué hago ahora? ¿Lo utilizo como excusa para mi mal humor? ¿Compro un abanico? ¿Seré aun más intolerante? ¿Soy oficialmente una señora de mediana edad?

Respiro hondo, busco un playlist para mujeres entrando a la menopausia pero no hay nada así que regreso al de: canciones para cocinar y canto fuerte el resto del camino.

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