Rodeados de héroes

Rodeados de héroes
Foto: Twitter CONECTA

¿Qué es un héroe? De acuerdo a la RAE es una persona que realiza una acción muy abnegada –que sacrifica sus intereses– en beneficio de una causa noble.

En estos tiempos, profesionales de distintas índoles se han convertido en héroes. En primera línea están los médicos. El personal médico y hospitalario es el que está en las trincheras del horror de la enfermedad y el que se juega la vida buscando salvar la de otros. Su heroísmo indiscutible se ha extendió a en este largo periodo pandémico. No podremos nunca acostumbrarnos, por ello sólo podemos agradecerles siempre.

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Existe también otro grupo de héroes, es el pilar que acompaña a 30% de la población. Se trata de los maestros a cargo de jóvenes y niños. Siempre ha sido complejo ser maestro: cuidar y dirigir un grupo, ser responsable de su aprendizaje y observar su estado emocional, y ahora realizan su labor en condiciones por demás complicadas, y su disciplina y esfuerzo los hace garantes de mantener una rutina en la anormalidad. Nada podía prepararlos para el peso que cargan al sostener la salud mental, la esperanza y hasta el biorritmo de sus alumnos en estos momentos de la vida. Si bien el mundo se estaba dirigiendo ya hacia la era virtual, nada los tenía preparados para cerrar escuelas y migrar de la noche a la mañana a la tecnología. Muchos maestros tuvieron que aprender al mismo tiempo que los niños, los cuales por pertenecer a la generación tecnológica pudieron hacerlo con más rapidez. Sin embargo, aún más allá de las habilidades para manejar las diferentes plataformas –Zoom, Meetings, Blackboard– surgieron las dinámicas sociales que desestabilizan a una clase y a su profesor. Es decir, la adolescencia y la rebeldía contra la autoridad encontraron los nuevos espacios en los cuales expresarse. 

El 15 de noviembre realicé una encuesta en Twitter a la que respondieron casi 90 maestros, gracias a ella podemos hablar con más profundidad de lo que atraviesan estos héroes. Por supuesto, existen profesores que se desbordan y entran en episodios de crisis y amenazas inadmisibles en una autoridad docente, pero son más las historias de dedicación y esfuerzo.

Los maestros cargan en la intimidad de sus clases; es decir, su presencia con la de los alumnos se extiende en una soledad provocada por el cambio necesario a la tecnología, detrás de la cual se esconden muchos jóvenes para ser contestatarios y retadores, escudándose detrás de excusas como: “Mi cámara no funciona profe”, “no se puede capturar pantalla”, “mi tarjeta de video no puede compartir pantalla” y un largo etcétera. Algunos logran encontrar las estrategias para desincentivar las pantallas apagadas dirigiendo sus preguntas directamente a las pantallas oscuras. Estos maestros se encuentran hablando a un pozo que contiene los nombres de los alumnos pero nada más, tal es la sensación que algunos de los encuestados mencionaron que podrían ser fantasmas y sus clases, sesiones de espiritismo en tanto que no se puede saber si hay seres presentes o no.  Por si fuera poco, algunas escuelas permiten que las cámaras queden apagadas “por respeto a la intimidad de la casa del alumno”. Esto complica aún más las cosas porque no pueden seguir las expresiones de los alumnos para cerciorarse de si están entendiendo, si necesitan detenerse en algo o si pueden seguir desarrollando los temas.

En general se hablaba poco de como los maestros cargan emocionalmente a los grupos.  Imaginemos lo que eso significa ahora. Saben de la tristeza de sus alumnos, el silencio les demuestra su apatía. Los jóvenes les confiesan cómo sienten que están perdiendo los mejores años de su vida.  Es importante señalar que ya había una apatía pre-existente a la pandemia, con lo cual es necesario revisar el porqué de esta falta de motivación en los alumnos. 

En ocasiones la apatía se debe a conflictos internos inconscientes, como si la mente de los niños estuviese demasiado preocupada pero no lo pueden o saben expresar y les queda poca energía para poner atención o entusiasmarse con nuevos proyectos. ¡Cuidado!, porque éste es un tema de salud mental a nivel nacional. Antes del confinamiento ya era muy profundo, y en este periodo ha aumentado de manera considerable.

Los maestros necesitan ayuda. Necesitan ayuda de los padres para que den seguimiento a las tareas de sus hijos; para que les den un lugar en la casa y no menosprecien sus esfuerzos, para que puedan ayudar a sus hijos a contener sus emociones y no lleguen a descargarlo todo al salón de clases virtual.

Necesitan ayuda de sus propias instituciones, a las cuales les urge revisar los planes de estudio y adecuarlos a los tiempos pandémicos. Discernir los temas indispensables sobre los que podrían esperar. Llama la atención que han sido pocas las escuelas que han disminuido contenidos esperando el mismo nivel de aprendizaje, como si no se atravesara por una época inédita en que las capacidades cognitivas están reducidas por el estrés.  Además es necesario revisar el sentido las verificaciones de las tareas que exigen las coordinaciones y direcciones. Los directivos y administrativos de las instituciones no ayudan a organizar los principios por los cuales se dan las clases, definir una línea de que es importante y que no.

Se necesitan de políticas públicas que puedan dar atención emocional y psicológica a los alumnos; así como reconocer que hay un campo en el que no pueden entrar más, pero que es necesario recibir ayuda. Incluso se requieren de asistencia y foros de maestros para sortear este periodo y acompañarse mutuamente.

Los maestros necesitan ayuda de una sociedad para que comprenda su situación y genere conciencia sobre el tema.  Ellos no reclaman reconocimiento a pesar de saber de su importancia. Es un tema de vocación, al igual que los médicos. La vocación es un llamado y a eso responden. Nosotros, la sociedad, debería reconocerlos en su esfuerzo y generosidad. Sus salarios no estarán a la altura del trabajo que realizan, pero quien tiene un profesor en casa tiene un súper poder.

No conozco poemas dedicados a los maestros y hubiese querido encontrar uno para dedicárselo. Pienso que ser maestro es un llamado a formar, cuidar, acompañar, inspirar a otros que nunca serán suyos, pareciera que su pasaje por sus aulas se borrará como huellas en la playa, pero más bien pulen como las piedras de río, le dan forma suavemente o el tallado de un diamante. Sus herramientas son la paciencia, la generosidad, la escucha, la esperanza. ¡Gracias maestros!. Ustedes también realizan un trabajo heroico.

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