Sal en la herida

Sal en la herida
Foto: Twitter El Universal Cultura

La realidad de la educación a distancia es un tema que duele y que nos pesa como sociedad. Además, tendrá implicaciones a futuro que aún no podemos vislumbrar en nuestras jóvenes generaciones. Sin embargo, hay algunas cuestiones en las que es necesario reflexionar.

En esta columna ya hemos hablado de los efectos que la ansiedad del confinamiento provoca en la vida de los niños y los jóvenes. Es grave la ausencia de encuentros sociales para todo nivel, desde preescolar hasta la universidad. En primer lugar impide el desarrollo social y emocional, porque los niños ni los jóvenes no pueden encontrarse con sus pares y, por tanto, no salen de dinámicas familiares en conflicto. Además, se suman los altísimos niveles de estrés que genera la educación en línea por sí misma. Es esperada la falta de comprensión en temas abstractos. Los maestros no saben enseñar en línea y los alumnos no saben aprender en línea. Mientras más pequeños más fácilmente pueden distraerse. El aprendizaje es un proceso complejo que requiere de escucha, atención, discernimiento para poder, finalmente, apropiarse del conocimiento.

- Publicidad -

La vida la desarrollamos en un contexto que no siempre podemos escoger; estas generaciones de niños y jóvenes les corresponde esté presente pandémico, y tendrán que atravesar esta situación que, seguramente, les dará un crecimiento importante en lo emocional. Esto es lo que les toca vivir, mientras se reformula la educación con la ayuda de la pedagogía y las tecnologías emergentes.

Sin embargo, hay un problema más grave que, desafortunadamente, es común observar: los altos niveles de una agresión inconsciente relacionados con la manera de evaluar el aprendizaje; lo cual está relacionado con las tareas, la revisión de trabajo en casa y los exámenes, en estos quehaceres se está deslizando algo que podríamos llamar rasgos de crueldad.

Por ejemplo:

  • 1.M. tiene un hijo de 11 años que asiste a una escuela pública. Es madre soltera, realiza trabajo doméstico de entrada por salida y no puede acompañar ni supervisar a su hijo para que vea las clases por televisión. Cuando llega a su casa sólo puede revisar las tareas que necesitan mandar a la maestra por mail para comprobar el aprendizaje. Como las tareas son muy pesadas no se pueden mandar por celular y necesita internet que no tiene en casa. Entonces, ya arregló con la vecina pagarle el internet para que puedan mandar las cosas de su casa. Si las tareas no se entregan a tiempo la maestra no las considera. Así que cuando llega de trabajar tienen poco tiempo para fotografiar la tarea y mandarla por email, pero muchas veces la red no funciona. Esta situación se repite TODOS los días, pues el director de la escuela ha exigido que los niños puedan comprobar los aprendizajes de manera diaria.
  • 2. Un profesor universitario le pregunta al alumno cómo puede relacionar un texto con una lectura realizada dos semanas antes. El alumno duda y no puede contestar. La situación es incómoda. El profesor sin chistar, y desde un pedestal de autoritarismo, le responde que ha perdido 40% de la calificación y que salga de la reunión. Al alumno se le disminuye el brillo de los ojos y no acaba de comprender por qué no saber lo acaba de hacer incapaz de demostrar algún aprendizaje mayor al 60% para el resto del curso.

Lo anterior no es enseñanza, no es garantizar el aprendizaje, es autoritarismo. Es sadismo, es reafirmar el yo a costa del otro.

¿Qué mecanismos inconscientes permiten este nivel injustificado de crueldad?

Una parte de ellos se puede explicar por una necesidad de reafirmación de un yo herido y otra por un sadismo que se pone de manifiesto y que no se puede disimular. En esta ocasión, la tecnología nos permite ser testigos de ello.

El sadismo es una condición en la que se experimenta placer al infligir dolor a otros de manera física o psicológica. El sadismo es socialmente poco aceptado, por eso se esconde y sólo puede ser visible disfrazado; en este caso, de autoritarismo (que no es lo mismo que autoridad). El autoritarismo es el abuso que hace una persona de su autoridad; mientras que autoridad es la facultad o el derecho de mandar.

También tenemos problemas de un yo que requiere reafirmarse sobre otros. En estos tiempos de crisis para algunos las cosas ya se acomodaron. En algún lugar el yo se sintió quizá muy frágil y vulnerable, porque tuvo que reconocer que no estaba en sus manos la situación, que debía entenderla y plegarse a ella, y ser solo uno más dentro de millones de personas que estaban experimentado esa situación de impotencia. Para la gran mayoría eso duele.

La adaptación, que es un mecanismo de la mente y que muchas veces se relaciona con la salud, ha terminado por imponerse y parecería que la vida agarra de nuevo ritmo, quizá uno diferente, pero al fin y al cabo un ritmo. Sin embargo, el yo ha quedado herido, y de manera inconsciente busca controlar el trauma reafirmándose a sí mismo sobre otros.  Como si en algún lugar quisiera demostrar que ahora sí puede controlar la situación. Como en el caso de las exigencias rígidas de las tareas que al no ser entregadas a tiempo generan mucha angustia y hasta depresión.

Los maestros y las instituciones deben estar atentos y ser muy cuidadosos de no permitir estas conductas. Sin duda, la disciplina es algo que se debe cuidar, pero como todo en la vida se trata de un justo balance que se debe revisar de manera constante y detallada. Para nadie fue opcional suspender las clases presenciales, pero lo que sí es opcional es hacerse consciente de los complejos propios y elegir cuidar en todo momento el sadismo y la crueldad propias en tiempos donde la angustia ya es sobrada. Los niños y jóvenes están nadando contracorriente. El tiempo es ya doloroso en sí, no es necesario echar sal en la herida.

Te puede interesar: Los que fracasan al triunfar