Se cumplió el año

Se cumplió el año
Imagen: Mariana

Sin descuidar una incesante búsqueda de oportunidades profesionales, mi querido compadre Mainero ocupó parte del tiempo que le trajo un injusto e inexplicable desempleo en escribir una autobiografía que más tarde imprimió en un tiraje reducido pero suficiente para regalar entre familiares y amigos cercanos. A lo mucho que sabía de su vida, el texto terminó por cubrirme huecos informativos y aclarar pasajes con los detalles convenientes.

El libro me atrapó, pero la última parte en que narra sus pasajes más tristes verdaderamente consiguió conmoverme. No debiera ser lo normal, pero lo común es que entre amigos no expongamos nuestros sentimientos de dolor o frustración. Hacerlo, cuando menos entre muchos de mi generación, equivale a instalar un stand en el centro de una expo de debilidades emocionales, optando mejor por concentrarnos en encontrar la manera más efectiva de joder y repeler los embates de burla y escarnio que acompañan a las buenas convivencias.  Obvio que hay mucho más que bromas entre dos buenos amigos, pero eso no se cuenta. El caso es que no fue extraño que me llamara la atención leer una descripción de tan profunda tristeza, la que no hubiera imaginado en alguien que con mucha creatividad y simpatía chingaba siete por veinticuatro. Los pasajes me hicieron pensar inmediatamente en sus hijos, imaginándolos descubriendo lo que muchas veces pasó por la mente y corazón de su padre, quien se nos adelantó con mucha anticipación.

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Personalmente me hubiera gustado saber mucho más de los pensamientos y sentimientos de mi papá, quien jamás aflojó en su empeño para que lo visualizáramos como el fuerte e inconmovible pilar de la familia, vacunado según él contra sensiblerías, lo que no siempre le resultó. También hubiera querido saber más de sus opiniones, dudas, temores, pasajes, amigos y relaciones familiares. Nunca supe bien a bien, por ejemplo, quién era ese amigo Froylán al que le compuso una parodia musical para hacer mofa de las botas que calzaba, cuya letra y melodía recuerdo a la perfección. Cuestión de preguntar, pero no lo hice.

Con reflexiones y asignaturas pendientes de este corte, recibíhace más de un año un mensaje de mi buen amigo Juan Ignacio Zavala, en el que me decía que ojalá nos reuniéramos pronto pues quería compartirme un proyecto que acababa de iniciar. La locuacidad que exhibe en medios de comunicación contrasta con su parquedad en whatsapp; cuando no es así, mil a uno que va saliendo de una comida que maridó con algo cuya cantidad influye para que utilice hasta el cuádruple de caracteres y se aventure con sofisticadas innovaciones lingüísticas. Mi respuesta fue más que precisa: “órale, le vemos”.

No hubo tal reunión y sí en cambio una llamada un par de semanas después, en la que me contó de su portal “Sobrevivientes”. Me dijo más o menos lo mismo que se adelanta del sitio al buscarlo en Google, donde se advierte que es un espacio donde caben “anécdotas, consejos, experiencias de sobrevivencia a los padres, los hijos, el matrimonio, la soledad y todo lo que viene con los años”, intuyendo que con esto último no se refiere a la incontinencia, la sordera o a la voz pastosa.

Tras una explicación general de su proyecto, se produjo la protocolaria y glamorosa invitación: “pues échate algo, ¿no?, como de dos cuartillas; algo así como de los Pumitas y nuestras carreras de Ragnar en Estados Unidos, y de cómo se portan los amigos ahora ya de huevones, y así, ¿cómo ves?….me las mandas, ¿no?”. 

Terminé la llamada comprometido a escribir en su portal, pero sin haber determinado ninguna periodicidad. Que lo haya venido haciendo puntualmente cada semana, tuvo que ver con la oportunidad que advertí para contarles a mis hijos en primer término, así como a mis hermanos, demás familiares y amigos, algunas anécdotas que ilustran casi siempre bien lo que pienso y siento, evitando que se queden con la duda como yo con la parodia de Froylán. Y si algo aporto, qué mejor. Su libro fue el instrumento de mi compadre para que supieran sus hijos más de él, y estas colaboraciones eran mi oportunidad para conversar con mis escuincles, así fuera en una sola dirección. Teniendo cinco, más con gracia que con frustración descubro algunas semanas que no toda mi descendencia me ha leído, no ejerciendo la mínima presión para que lo subsanen. Tal vez por esto no sea mala idea revisar lo escrito hasta ahora, mejorar algunos textos, compilarlos e imprimir una pequeña publicación que tenga como destinatarios a los cercanos. De esta manera mis talegones hijos podrán tener un ejemplar que hojear en el futuro cuando visite sus mentes, similar a como hizo el compadre.     

Creo que he cumplido conmigo y con mi amigo, quien sospecho ostenta el récord de más campañas políticas dirigidas con resultados adversos. Nunca temas de política nacional han ocupado mi espacio, pues ya hay muchos opinando al respecto. Les dejo el campo a los expertos y a los viscerales, que prevalecen sobre los primeros. Si acaso solo vale dejar aclarado que ningún político, independientemente de su filiación, merece mi feroz defensa ni disgustarme con los que aprecio, y con los que no tanto. Que se defiendan solos, al cabo que ni los conozco realmente, ni me conocen, ni supongo que yo les importe, como sí lo creen los que se rasgan vestiduras desde distintas trincheras. 

He escrito de mis hijos, mis padres, mis hermanos, mis esposas, mis entrañables amigos, algunos amores, mis trabajos, mi universidad, mis deportes preferidos, de Pumitas, mis compadres, del dominó, mis reencontrados preparatorianos, los maristas, de la edad, del género, la pobreza, los viajes…..igual que Carmen Salinas, he hablado casi de todo y sin empacho. Lo seguiré haciendo en tanto defino otro proyecto, agradecido como estoy con quienes me han regalado algo de su tiempo para leerme. A los que queremos los escuchamos cantar, probamos sus guisos, cooperamos en sus labores altruistas, los vemos actuar, asistimos a los partidos de sus hijos, compramos en sus negocios, nos atendemos médicamente con ellos……y los leemos, no obstante no se tengan todas las habilidades. Así también se expresa el amor, y yo no tengo más que agradecerlo.

Esta colaboración semanal número 54, tiene también un especial significado. Coincide con la noticia de que tras año y medio de haber llegado mi amada nieta Brenda Sofía, ya viene en camino su hermanito… o hermanita. Los tiempos se antojan más difíciles que nunca, pero un embarazo es la contundente prueba de que hay fe y esperanza porque todo estará bien……no, que estará mejor. 

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