¿Usar las reservas para Pemex? Una farsa financiera

¿Usar las reservas para Pemex? Una farsa financiera
Foto: Twitter Energy & Commerce

Las reservas internacionales juegan un doble papel muy importante para México. Estas son un activo financiero del Banco de México, una institución financiera autónoma, cuya razón de ser es muy clara: ser el banco de bancos y su objetivo principal es ser garante de una adecuada política monetaria. Por adecuada se entiende un objetivo muy claro y que en 1993 se elevó a rango constitucional: el mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional; en otras palabras, una inflación baja y estable.

¿Por qué son necesarias las reservas internacionales? Dado el fenómeno de la globalización, donde el comercio internacional es un instrumento principal, las divisas para liquidar los compromisos comerciales son necesarias. La divisa más demandada es el dólar, por la sencilla razón de que la mayoría de las transacciones internacionales, en volumen y monto, son en dólares. México es un país cuya economía depende mucho del comercio exterior, este asciende a poco más de 800 mil millones de dólares anuales, y representa más del 60 por ciento del producto interno bruto anual, al sumar el valor de las importaciones y las exportaciones. No olvidar que el 81 por ciento de este comercio exterior se realiza con los Estados Unidos. Este volumen comercial obliga a que el Banco de México tenga que mantener cierto volumen de reservas internacionales, principalmente en dólares, suficientes para asegurar el intercambio de divisas y su cobertura. Me explico: Los importadores al adquirir sus productos en el extranjero requieren dólares para pagar sus compras, es ahí donde el Banco de México interviene, al proveer dólares a esos importadores a cambio de recibir los pesos mexicanos. Tratándose de los exportadores el papel se invierte, el Banco de México interviene para recibir los dólares por las ventas y cambiarlos por pesos mexicanos para entregarlos a los exportadores. Con estos recursos los exportadores pueden liquidar sus obligaciones nacionales de compra de materia prima e insumos, así como los salarios. Toda esta tarea se realiza en el sistema bancario, siendo el Banco de México el principal comprador y vendedor de dólares y de pesos. De no mantenerse esta reserva en dólares, el Banco de México no podría garantizar ese intercambio, lo cual provocaría que los importadores y exportadores tuvieran la necesidad de acumular dólares y con ello especular, el efecto inmediato e inevitable sería una volatilidad descontrolada del precio del dólar y seguramente una depreciación sin precedente en el peso mexicano.

- Publicidad -

Ahí radica la importancia de mantener e incluso acrecentar las reservas internacionales, en una trayectoria paralela al valor de nuestro comercio internacional. La globalización es comercio, y también es finanzas. Los intercambios de monedas en 2019 promediaron 6.6 trillones (millones de millones) de dólares cada día, con el peso mexicano siendo la tercera moneda emergente más intercambiada en el mundo (tras el yuan de China y el won de Corea del Sur). También en caso de volatilidad en los mercados, las reservas internacionales representan un acervo que puede utilizarse para tratar de estabilizar a una moneda nacional que sufre de volatilidad. El otro papel relevante del Banco de México es cuidar su activo financiero que lo constituyen en su mayoría esas reservas internacionales, no solo por el valor de intercambio y cobertura ya explicado, sino como una reserva, que podríamos entender como un ahorro necesario para garantizar el sistema de pagos de un país. Al final, los bancos comerciales cuando requieren fondos es el Banco de México quien tiene la capacidad de proveerlos o contenerlos y con ellos mantener el equilibrio en el sistema de pagos. Esos pagos son equivalentes a la suma de todas las obligaciones que tenemos los mexicanos que usamos el sistema bancario.

¿Por qué sería insensato usar una parte de esas reservas internacionales para financiar a Pemex o disminuir su deuda? Podría argumentarse que ayudar a la empresa sería benéfico para la economía como un todo. Pemex es una empresa perdedora y que de no ser por su carga tributaria seguramente estaría en punto de equilibrio o con utilidades; usar las reservas internacionales para mejorar su perfil de deuda o financiero sería equivalente a disminuir un activo financiero sano de una institución autónoma no lucrativa, para dárselo a una empresa que compite en los mercados privados y que pierde todos los días.

Finalmente, al financiarla con Banco de México y no quitarle la carga tributaria es igual a usar las reservas para sostener el presupuesto federal. Es decir, es una farsa financiera que muchos inversionistas castigarían con una salida masiva de capitales. Si de verdad quieren sanear a Pemex, el tema es simple, disminuyan la carga tributaria por los siguientes 5 años a razón de 200 mil millones de pesos y con ello bajarían el perfil de endeudamiento en una tercera parte y sanearán a Pemex. Solo que esos 200 mil millones de pesos dejarán de entrar a las finanzas públicas, es decir, recortarán el presupuesto federal en esa cantidad. Y eso lo debe asumir el ejecutivo como la medida necesaria para sanear a la principal empresa mexicana y explicarla a los mexicanos por el impacto presupuestario que conlleva. Otra alternativa, si es que están plenamente seguros de que Pemex tiene viabilidad, es capitalizar una parte del pasivo laboral y que los trabajares de Pemex se conviertan en accionistas de la empresa mexicana, solo es cuestión de convencer y explicarle a los trabajadores tal medida. Cualquier otra cosa que se les ocurra será tirar dinero bueno en un negocio malo, será hacer más pobres a los pobres y mandar una señal de salida a los capitales productivos. No solo será una imprudencia sino será el inicio de una crisis financiera y económica sin precedente. A quien se le haya ocurrido y a quien le haya parecido digna de analizar, deberían estudiar un curso básico de economía. Ojalá haya espacio para la sensatez y la prudencia.

Te puede interesar: Necesitamos hablar