Papabuelos

Papabuelos
Imagen: Mariana

En línea con la ciencia médica, la sabiduría de los abuelos aconsejaba tener hijos cuando se es joven y se tiene la fuerza y el ánimo para educarlos, lo que entre tantas cosas implica encauzarlos e imponerles correctivos razonables que no pueden ser perdonados sin el riesgo de perder autoridad.

Con mi hermana menor comprobamos la veracidad de las observaciones científicas y los consejos de los mayores. A Lore mi hermana, nacida cuando mi madre ya tenía cuarenta y mi padre andaba arribando a los cincuenta, le correspondió inaugurar en casa el sistema educativo Montessori, basado en la filosofía “déjenla hacer lo que le dé la gana…no sea que se nos vaya a traumar”. Mis hermanos y yo no dábamos crédito a sus contestaciones y a los berrinches que armaba, sin nula respuesta de mis padres. Mejor yo me animé a darle unos buenos sapes por pelada y también por el mero gusto de practicar mi top spin, lo que explica mi gran toque de raqueta y los recurrentes desvanecimientos de la víctima. Me reclama que siquiera le hubiera dado oportunidad a que le cerrara la mollera, pero pues uno tiene su carácter. El control que con la pura mirada conseguía mi madre con nosotros los mayores, no tuvo ningún efecto con la pequeña. De seguro tanto torzón fallido de ojos fue lo que le provocó la degeneración de mácula que ahora padece, la que afortunadamente es su único mal de salud.

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Tener hijos a la edad apropiada te permite una formación y convivencia más integral. Hay una innegable parte física en la educación de los hijos que se manifiesta en los juegos y deportes que puedes compartir, o en las corretizas que por un tiempo hay que ponerles para obligarlos a que cumplan con sus responsabilidades. Educar es agotador. Cuidar su sueño y enfermedades en las noches o recogerlos en las madrugadas en algún antro sin duda cansa, pero pues forma parte del amado papel de padres.

Un gran amigo que fue papá a los 57, al que para proteger su identidad lo identificaré con el seudónimo de “El French”, es el flamante padre de una preciosa niña de ocho años cuya madre le tiene terminantemente prohibido jugar con mi amigo. “Deja en paz a tu papá y vuelve a ponerle su colcha en las piernas”, es una de las instrucciones que da su joven esposa para salvaguardar la integridad del French, a quien sacan todos los días a la terraza de las 11 a las 19 horas, con independencia de las condiciones climatológicas prevalecientes. El único juego que practica con la pequeña es cuando permite le aviente aros a su cabeza, recompensándola con algún premio cuando logra acertar tres veces seguidas.

Los padres mayores o papabuelos han proliferado en los últimos años, circunstancia entendible por los notables aumentos en las expectativas de vida, así como por los incontables tratamientos de fertilidad. En los arranques del siglo pasado era una odisea llegar a los sesenta, contrastando con la actualidad en que nos sorprende que alguien se nos adelante estando aún en los setentas. Mick Jagger procreó a su octavo hijo a la edad de 72 años, con su novia de 29. Robert de Niro fue papá a los 68, igual que Richard Gere; Larry King a los 66 y nuevamente al siguiente año; Paul McCartney a los 61; y Trump a los 60. En el plano nacional, creo que nuestro Presidente fue papá a los 53, el comediante Derbez a los 56, y para no ir tan lejos, nuestro amigo Juan Ignacio, el “big cheese” de este portal, lo fue también ya bastante grandecito…. y por partida doble.      

Yo fui padre por quinta vez con 43 añitos. A la semana del feliz alumbramiento me sometí a la vasectomía, para erradicar la posibilidad de seguirme hasta la oncena como lo planeaba siendo apenas un niño. De mi bola de amigos, soy de los muy pocos que tiene aún un hijo en prepa. No me lo dicen, pero sé que de alguna forma les da hueva imaginarse en circunstancias semejantes, cuando ellos ya empiezan a planear su retiro laboral (el mercado no va a perder gran cosa). Lo cierto es que ya van y vienen con una libertad que debieron empeñar hasta que sus hijos crecieran y fueran autosuficientes. Yo no he llegado a ese peldaño. Sigo en chinga, con mucho gusto y a mucha honra. Más de la mitad de mi vida he sido padre de algún niño o adolescente, lo que sin duda me ha ayudado a redoblar esfuerzos por mantenerme sano, activo y en la mejor condición posible. Expuesto como tantos millones de mexicanos a incertidumbres y reveses laborales, estoy más que convencido que mi compromiso por sacar adelante a todos mis hijos es lo que me ha llevado a inventar o crear los caminos necesarios. Hoy le dicen resiliencia, pero yo prefiero identificarla como “huevos” por no bajar los brazos hasta haber hecho de todos seres productivos, capaces, comprometidos y con una vocación indeclinable por el encuentro con la felicidad y con lo que es justo. Voy bateando de mil, según la jerga beisbolera. En esto, las mamás han sido decisivas y ellos se han encuadrado más que bien en una clasificación de excelentes hijos. Ya espero ansioso la tercera oleada, a través de los nietos. Ya está la amada Brenda Sofía con sus dos años recién cumplidos, con su hermano Mariano en camino. Voy para largo con eso de los niños alrededor, y la verdad no puedo estar más contento por ello.

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