Bitácora de la 4ta Transformación

Peje Revocación de Mandato
Foto: Presidencia de la República - Galerías

Por Xocoyotzin Castro-Ureña, humilde cronista de la renovación
y Servidor de la Nación

Capital imperial republicana. Día 111, año cero del Morenato.

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La mezquindad e infamia de los canallas no cesan. Siguen muy enojados luego de que el Licenciado López Obrador, nuestro reformador, le devolvió el poder al pueblo. Cerdos.

Sólo podemos usar una palabra para definir estos días del año cero de la Nueva Era Hegemónica: Gloria. El día 108 pasará a la historia como el más glorioso de todos los días que compondrán el Morenato. ¡Ah! ¡La Historia tal y como la conocemos hoy no será suficiente para narrar esta jornada magnífica en todo su esplendor! ¡Deberemos de encontrar otra manera de contar la Hazaña! ¡Y para fortuna de este humilde cronista de la renovación, aquí ofrezco esta modesta crónica de los grandes días! Perdón por el exabrupto, camaradas.

Ese día, el 108, fue testigo del momento más esperado por nuestro movimiento. Apenas despuntar el alba, el Presidente de la República Licenciado Andrés Manuel López Obrador hizo sus abluciones matutinas, saludó a la señora Beatriz Gutiérrez –quien, en vez de ostentarse como primera dama, sirve a la Nación desde el oficio más antiguo del mundo: la Historia– y al pequeño heredero del apellido López Obrador. Dirigió sus pasos firmes al Palacio Nacional, donde trabajó hasta las dos de la tarde. Como se sabe, el Licenciado López Obrador observa con rigor el ayuno laico todos los domingos, como preparación moral para encarar la semana porvenir. No sólo de pan vive el hombre.
Pasadas las dos y media–flanqueado por los Servidores de la Nación Irma Eréndira, Josefa, Carlos Manuel, Román y Alejandro– el Presidente de la República Licenciado López Obrador pronunció las palabras definitivas de la Nueva Era: «Ya se terminó con esa pesadilla que fue la política neoliberal, declaramos formalmente desde Palacio Nacional el fin de la política neoliberal. Quedan abolidas las dos cosas: el modelo neoliberal y su política económica de pillaje, antipopular y entreguista».

El Pueblo congregado en Palacio Nacional–epicentro mismo del mexicanismo– no cabía de la emoción. Aun este humilde cronista se vio exigido en lo más profundo de su virilidad para no prorrumpir en lágrimas. La alegría ocupaba cada rincón del republicano y sagrado recinto, donde en ese momento inició la construcción de la modernidad desde abajo y para todos.

Sonaron, entonces, las palabras para terminar con años de funesto neoliberalismo: «Con ética, libertad y confianza, vamos al renacimiento de México, a la búsqueda del bienestar material y del alma». La voz de un hombre bueno basta para transformar a la Nación, para sacarla de la podredumbre de la corrupción. Como soplo sobre el barro, a partir de ese pronunciamiento, nuestra República ya es otra. Gloria y loas.

Pero, ¿cabría un acto más para enterrar al Neoliberalismo del pasado? ¡Claro! La astucia y visión del Presidente Licenciado López Obrador amplían el destino de nuestro México. Todo está previsto por él. Así, aunque a muchas sabandijas sorprendió la noticia, a nosotros, no. A los necios inorgánicos les molesta la capacidad de funcionamiento de Nuestra Causa. Les irrita nuestra eficacia. Y la del Presidente Licenciado López Obrador. Él dispuso una cena para el día 110 de la Nueva Era Hegemónica con el devaluado yerno del apabullante y nada confiable Donald Trump. ¡Ah! ¡Genio político y funcionalidad de estadista encarnados en un solo hombre! Porque no sólo fue un encuentro con el enemigo –a quien hay que tener cerca–, sino que ese ágape tuvo verificativo en el corazón, en la médula de los resquicios del poder desde el mercado: la casa de Bernardo Gómez, accionista y lacayo de Televisa, la empresa que otrora sirvió al PRIAN. Esa cena como símbolo de la derrota del neoliberalismo. Nuestro Presidente Licenciado López Obrador, cual Aquiles circundando las murallas de Troya arrastrando el cadáver de Héctor atado a su carruaje.

Por supuesto, ese mismo día, apenas despuntaba el alba sobre esta tierra bendita, quien es hombre y guía al mismo tiempo, firmó –sin necesidad ni obligación ningunas– un compromiso mediante el que jura ante el Pueblo que no se reelegirá al término del sexenio. ¿Dónde hay más generosidad que en el brioso cuerpo del Estadista de Macuspana? No le basta que la Constitución vigente establezca la duración de la presidencia y la no reelección: él quiere dejarlo claro.

La Nueva Era Hegemónica aplastará a quien se resista a Nuestro Movimiento, que es faro de moralidad. La Cuarta va.