El Guasón entre nosotros

Psiquiátrico niños
Foto: Twitter Asoc Mex Psiq Inf AC

Suficiente se ha escrito sobre el Guasón. La intensa actuación de Joaquín Phoenix nos hace recorrer el camino en el que Arthur Fleck, harto de intentar contribuir a la sociedad, opta por dejar de existir como un ser invisible que no merece un lugar respetable dentro de ella. Arthur Fleck es pobre y está enfermo. Quiere ser feliz, y dejar de reír compulsivamente. Anhela ser visto, escuchado. Intenta mantener un empleo estable, y poder cuidar de su madre. 

En el transcurso de la película, se rinde ante la posibilidad de vivir con normalidad en una sociedad que nunca lo aceptará como uno de los suyos. Se cansa de ver que todas las oportunidades que cultiva con esmero, se convierten en escenarios de humillación, dolor y vergüenza. No existe compasión para Arthur Fleck, quien paulatinamente cede ante su enfermedad mental. Y baila victoriosamente en el baño del metro, en su departamento mientras se tiñe el pelo de verde, y en las escaleras de Ciudad Gótica convertido en un monstruo lleno de resentimiento social.

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A los espectadores, nos genera miedo verlo convertido en un ser desalmado. Pero también nos produce un sentimiento de justicia, pues el Guasón gana el respeto de aquellos que lo humillaron, y el miedo de aquellos que fueron indiferentes a su dolor.

Lo más perturbador de la película, es la alternativa violenta que elige Fleck, misma que es imitada por cientos de payasos que buscan el caos y la anarquía para hacerse notar ante los ojos de la sociedad. ¿Ahora sí son vistos? Linchan a dos policías que hacían su trabajo, como si fueran un daño colateral de la ola de repudio por la desigualdad económica.

Me pregunto: ¿Quién es el verdadero villano de la película? 

Recientemente, como parte de un proyecto de responsabilidad social en el colegio en el que trabajo, visitamos el Hospital Psiquiátrico Infantil de la Ciudad de México. Nos recibió el coordinador del voluntariado y nos dio un recorrido por sus instalaciones. También nos explicó que este hospital atiende más enfermedades y trastornos que cualquier otro en América Latina. Ofrecen servicios de terapias, hospitalización y atención en crisis a niños y adolescentes. Adicionalmente brindan apoyo a familiares y colaboran con los colegios para facilitar la atención a los pacientes. Nos comentó que las medicinas son extremadamente caras, y los pacientes generalmente son personas de bajos recursos.

Comentó que los recortes del 30% al sector salud gestado por la administración del gobierno de López Obrador, afectaron sustancialmente al hospital. Además de los recortes de personal que han tenido que malabarear, han recurrido a nuevos medios para cubrir las necesidades de los pacientes. Cada vez son más indispensables las donaciones de empresas, ciudadanos particulares, organizaciones no gubernamentales y voluntarios para salir a flote con los gastos necesarios. Me entristeció encontrarme en el patio con unas mesas llenas de ropa usada, que tienen el fin de ser un tianguis para que la gente pueda comprar artículos de segunda mano y utilizar las ganancias para pagar el transporte público de los pacientes para asistir a sus terapias.

La creciente división social, y los 29 mil y tantos muertos que ha cobrado la violencia durante este sexenio en México, nos imponen analizar con ojos críticos la situación en nuestro país. Suficiente se ha escrito sobre Culiacán y la falta de estrategia militar de nuestro gobierno para enfrentar al narcotráfico. López Obrador, ante los críticos de su régimen, aparece manchado de cobardía, torpe y apático ante sus promesas en materia de seguridad. 

La pobreza en nuestro país ha generado miles de “Arthur Flecks”, hartos de existir como seres invisibles que no merecen un lugar respetable dentro de la sociedad. La brecha de la desigualdad cada vez es más amplia. Faltan oportunidades y tampoco existen recursos suficientes para tratamientos y medicinas para los enfermos.

Existe compasión y preocupación, pues tememos que las crisis financieras globales y el hartazgo social, paulatinamente los convertirán en grupos llenos de resentimiento. Y bailarán, como supongo que bailaron los narcotraficantes en Culiacán el 18 de octubre, o a principios de esa semana cuando mataron a 13 policías en Michoacán.

La pobreza histórica, la cerrada brecha de oportunidades, el resentimiento social, los recientes recortes gubernamentales, y el sombrío panorama internacional nos acercan cada vez más a la realidad de “Guasón”. La diferencia es que después de dos horas, no se prenderán las luces del cine. La reconstrucción social tomará décadas. Y las víctimas seremos todos.

Me sigo preguntando llena de angustia: ¿Quién es el verdadero villano de la película?

@dos_opinion

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