AMLO y el México de estampitas

Monografía
Foto: Twitter 𝗟𝗶𝗰. 𝗦𝗲𝗿𝘃𝗶𝗯𝗮𝗿

Me da una monografía de la Conquista.

Me da una monografía de la Independencia.

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Me da una monografía de Benito Juárez

Me da una monografía de los Niños héroes.

Me da una monografía de la Revolución.

Me da una monografía de la Expropiación Petrolera.

Es lo que pedíamos en nuestra infancia los que nacimos en los 50 -70´s. Las monografías, que se compraban en la papelería – establecimientos en vías de extinción-, y que traían diversas imágenes en las que se mostraban episodios relativos al título de la monografía. Eran imágenes que mostraban a nuestros héroes y personajes en situaciones históricas. Viene el recuerdo a la cabeza: la llegada de Cortés, los barcos, los caballos y los indígenas viendo detrás de los árboles el desembarco. Los españoles quemándole los pies a Cuauhtémoc, Hernán Cortés llorando en el árbol de la noche triste; Juan Escutia volando envuelto en la bandera nacional, Juárez en su carroza, Madero entrando a Caballo, Hidalgo con una antorcha, el pípila con la losa en la espalda…imágenes que eran reforzadas por los libros de historia. Así que recortábamos las estampas que más nos impactaban y las pegábamos en la cartulina respectiva de la tarea encomendada.

El México de las monografías circuló ampliamente en nuestra infancia. Tan es así que cualquiera puede recordar alguna pues en la parte de atrás venía un breve resumen del hecho histórico, del héroe o personaje en cuestión. Todos los trabajos de historia en la primaria pasaban por la papelería. Ese México de dibujitos, de estampas históricas en las que hay unos buenos – los héroes, los aztecas, los campesinos, militares de gestos heroicos, revolucionarios que terminaron asesinados por sus enemigos ( que eran otros revolucionarios )- y lo malos: los españoles, los gringos, los malos mexicanos, los ricos, los conservadores, los traidores. 

El de las estampitas es un México maniqueo, en blanco y negro. Carlos Castillo Peraza sostenía que los murales mexicanos, tan famosos en el mundo, apuntalaban una cuestionable interpretación de la historia en la que había malos y buenos, ambos eternos. No había matices en los personajes. Ahí quedaban los vencedores henchidos de bondad y los vencidos exhibidos en su perversidad. Es una historia que divide inevitablemente y que deja para siempre la imagen que debe perdurar: los que son enemigos de la patria y los que son sus salvadores, nada en común, cada quién en su bando. Como en las estampitas.

Ese México maniqueo, de buenos y malos que conocimos todos es el que anhela el presidente López Obrador. Es el México de las estampitas. Por eso se hizo su desfile -porque fue para él- en el que sucedían las cosas tal y como las imagina que fueron. En el que aparecieron los malos y los buenos. Los caballos que trajo Hernán Cortés, la locomotora orgullo de Porfirio Díaz fueron, paradójicamente, símbolos principales en el desfile del presidente López Obrador.

A los presidentes en México tradicionalmente se les pregunta con qué personaje histórico se identifican. Así, en su oficina se encontrará un cuadro del personaje en cuestión y se buscarán paralelismo entre ambos. Fox con la transición, escogió a Madero. Calderón a su paisano Morelos. AMLO parece moverse entre Juárez y Zapata, aunque también trae a Madero de aquí para allá. Y a Miramón y a los liberales. Se siente a gusto en aquellas épocas de la historia y es de lo que le gusta hablar y poner ejemplos. Cosas que pasaron hace cien o más años. Porque el presidente trae consigo no a un personaje sino a varios; trae consigo no pasajes de la historia sino una interpretación propia de lo que pasó y por qué pasó.

El presidente trae consigo su México de estampitas, su monografía gigantesca y nos la va a imponer. 

@juanizavala

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