Explotación, estafa y sexo con mamás: el lado oscuro del grupo infantil Parchís

Parchis
Foto: Twitter Revista Extensión

Era septiembre de 1977 y la discográfica Belter estaba en horas bajas. Entonces, su responsable tuvo una iluminación: niños.

Poco después aparecía un anuncio en el periódico: “Discos Belter da la oportunidad a niños de ocho a 12 años que canten bien y tengan buen sentido del ritmo, para formación infantil y grabar discos. Presentarse todos los días de 10 a 1 hasta el día 15 de julio, preferible vengan con una canción aprendida, en Discos Belter, calle Gomis 1, Barcelona”.

- Publicidad -

Este fue el germen de Parchís, un grupo infantil que nació como intento desesperado por sanear las cuentas de una discográfica y acabó convertido en fenómeno social de la España post-transición (y más tarde en Latinoamérica). Cinco niños convertidos en máquinas de hacer dinero y liberados del yugo adulto. ¿Qué podía salir mal?

Parchis
Foto: Twitter Revista Extensión

El documental Parchís. El documental, que acaba de estrenarse en Netflix, repasa ahora la trayectoria del grupo, revelando todos los claroscuros de lo que en apariencia fue un triunfo arrollador.

“Se trata de un proyecto centrado en una historia humana, con una mirada sincera que aspira a hacer un ejercicio de empatía con el espectador para que logre entender lo que supuso ser protagonista de un éxito tan descomunal, prematuro y sorpresivo”, dice Daniel Arasanz, director del documental.

Estas son algunas claves que nos deja la película.

El experimento

Parchís nunca fue una banda al uso, sino un experimento de marketing que se fue de las manos.

Probablemente inspirado por el éxito del dúo Enrique y Ana, formado por un adulto y una niña de ocho años (sí, hoy sería impensable), Ignacio Janer, director internacional de la discográfica Belter, tuvo la idea de crear un conjunto infantil. Por aquel entonces el sello gestionaba los derechos de artistas como Carmen Sevilla, Lola Flores o Juanito Valderrama y pasaba apuros económicos.

Se convocó un casting para encontrar a dos chicos y dos chicas, a los que a cada uno iba a corresponder un color del parchís. Del casting solo salió Gemma (ficha verde). El resto llegó al grupo por otras vías. Óscar (ficha azul) era actor en anuncios. Yolanda (ficha amarilla) era hija de uno de los artistas de la discográfica. A Tino (ficha roja) le descubrieron en el colegio. Finalmente añadieron a un quinto, David, por sus dotes para el baile, y como no quedaban colores le asignaron el papel de dado.

La idea era grabar un disco con canciones infantiles para que saliera en Navidad. No había plan a largo plazo. Pero de “probar suerte” se pasó a llenar estadios de 100.000 personas.

La trampa

Los discos de Parchís tuvieron una producción de alto nivel, a cargo de nombres tan reputados como Josep Llobell, autor de obras de culto de la música electrónica española como Oliver’s Planet. Pero para alcanzar un nivel tan alto se utilizaron algunas trampas. Tal y como el propio Llobell admite, las voces de Óscar y David, los más pequeños del grupo, no son exactamente las suyas. Ellos participaban en las grabaciones, pero sus voces luego se doblaban. Debido a sus debilidades como cantantes, las pistas vocales se enriquecían con la participación de actrices especializadas en impostar voces infantiles.

Parchis
Foto: Twitter KM

La explotación

Tras el inesperado éxito del disco, el grupo se convirtió en una máquina de hacer dinero. Y la discográfica no dejó pasar la oportunidad, aunque fuese a costa de someter a los niños a jornadas de trabajo de hasta 18 horas durante meses. Tal y como describe Yolanda, una de las integrantes, podían rodar una película por la mañana y hacer dos actuaciones por la tarde. “Ahora sería impensable”, reconoce Óscar.

Los padres invisibles

Los padres apenas intervienen en el documental. De hecho, la gran mayoría también estuvo ausente durante la explosión de popularidad del grupo. La madre de Óscar Ferrer, Victoria Cañadas, era la única que viajaba con ellos y fue la única que denunció la situación de explotación en la que se encontraban los niños. Pero el resto de progenitores prefirió mirar hacia otro lado mientras llegase el dinero. Ninguneada por el resto, Cañadas acabó tomando la decisión de sacar a su hijo del grupo.

Parchis
Foto: Twitter Ready Steady Cut

El desmadre

Ante la ausencia de supervisión adulta, claro, las giras del grupo se convirtieron en un desmadre. Se habían convertido en estrellas y empezaron a comportarse como tales, destrozos en habitaciones de hotel incluidos. El director de cine Joaquín Oristrell, tío de Yolanda, fue el encargado de tratar de poner orden cuando la cosa empezaba a irse de las manos. “Eran unos niños asilvestrados”, reconoce Oristrell en el documental. “Robaban en tiendas, tiraban sillas por la ventana del hotel, tenían sus novios…”. Durante su estancia en México, la banda vivió en una casa en la que se organizaban fiestas a menudo. “Corrían sustancias que no eran exactamente gominolas”, reconoce Oristell.

El despertar sexual

Cuando se formó el grupo, los niños apenas superaban los diez años de edad. El éxito masivo coincidió con su entrada en la pubertad y, claro, se despertó su curiosidad sexual. Sus primeros escarceos amorosos fueron entre ellos y aprovechaban la falta de vigilancia para experimentar. Este despertar también dio pie a situaciones turbias.

Tino era el miembro más carismático del grupo, y el que más tirón tenía entre las mujeres. Ello le sirvió para tener relaciones no solo con fans sino con las madres de estas. “Siempre gustó mucho a las mujeres, y gustaba mucho a las mujeres grandes. Me consta de llegar a su habitación y ver mujeres metidas en el armario dispuestas a lo que él quisiera”, confiesa Yolanda.

David cuenta que tuvo una relación adolescente con Paulina Rubio cuando esta formaba parte de Timbiriche, un grupo equivalente a Parchís creado por la cadena Televisa en México.

Parchis
Foto: Facebook PARCHIS (GRUPO MUSICAL)

Yolanda, por su parte, tenía que esquivar el acoso de los hombres adultos que rodeaban al grupo. Tal y como ella misma recuerda en el documental, su madre le tenía que recordar que no se sentase en las rodillas de los hombres que acudían a las fiestas que organizaban. “Hubo personas que pudieron tener fantasías no adecuadas para esa edad”, concluye.

La estafa

“Las actuaciones estaban a rebosar de gente. Entonces, ¿dónde estaba el dinero? Los niños no cobraban, estaban explotados”, denuncia la madre de Óscar en el documental.

Durante toda la trayectoria del grupo los niños cobraron cantidades muy alejadas de las cifras que en realidad generaban. Según Frank, ganaron 600 millones de pesetas (unos 13 millones de euros al cambio de hoy). Pero nadie tiene muy claro dónde fue a parar el dinero.

La única certeza es que tras regresar de una de sus giras en México, el grupo se encontró con que la discográfica se había declarado en suspensión de pagas, evitando pagar lo que debían a los niños. A día de hoy todavía no lo han cobrado.

Según Frank, el grupo sigue generando 70.000 euros al año, de los que ellos solo reciben unos simbólicos 700 euros.

El accidente

Parchis
Foto: Twitter Verónica Toussaint

Tino siempre fue el favorito del público. Su popularidad y la sensación de que el traje rojo se le había quedado pequeño le hizo tomar la decisión de abandonar el grupo para intentar labrarse una carrera en solitario. Lo hizo de espaldas al resto del resto, que no le perdonaron la traición. A consecuencia de ello dejaron de hablarle. La banda se descompuso, pero no desapareció: cada vez que se marchaba alguien era reemplazado. Los miembros originales rompieron su relación y no volvieron a retomarla hasta que en 1998 Tino tuvo un grave accidente de coche en el que perdió un brazo.

Parchis
Foto: Twitter yolanda ventura

Con información de Playgroundmag

Te puede interesar: Parchis todos unos “Sobrevivientes”