Cinco apuntes sobre el tiroteo en Torreón

Torreón
Foto: Twitter El Universal

El viernes pasado, un niño de 11 años, estudiante de una escuela particular en Torreón, Coahuila, asesinó a tiros a su maestra, hirió a seis menores más y (presuntamente) culminó la balacera matándose.

El acontecimiento ha enlutado a la región lagunera y ha provocado una búsqueda desesperada de explicaciones en todo el país ¿Por qué sucedió algo así? ¿Pueden repetirse eventos similares en otras escuelas y en otras ciudades? ¿Qué se puede hacer para prevenir otros tiroteos escolares?

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No tengo una buena respuesta a esas interrogantes, pero permítanme ensayar algunos apuntes a bote pronto:

1. Hechos como los de Torreón son realmente excepcionales en México. En una búsqueda hemerográfica, solo pude hallar cinco casos similares de 2000 a la fecha. El más reciente ocurrió en 2017 en Monterrey. En contraste, tan solo en 2019, se registraron casi 50 tiroteos escolares en Estados Unidos. La diferencia probablemente estriba en el fácil acceso a armas de fuego en el país vecino.

2. Dada la escasez de casos análogos, la explicación del tiroteo en Torreón probablemente no se ubique en procesos sociológicos amplios. La respuesta inicial del gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme, atribuyendo la responsabilidad por los hechos a un videojuego, es particularmente absurda. Los juegos de video, algunos con contenido extraordinariamente violento, son consumidos por millones de niños y adolescentes. Solo unos cuantos agarran a tiros a sus maestros o compañeros de escuela. Lo mismo vale para otras explicaciones de gran angular. Por ejemplo, miles de niños en La Laguna vivieron en un entorno de alta violencia entre 2010 y 2012, pero solo uno llevó dos pistolas a su escuela.

3. La excepcionalidad del hecho debería de convocar a la prudencia a la hora de diseñar una respuesta de política pública. Un programa masivo como Mochila Segura, además de violatorio de los derechos constitucionales de los estudiantes, es un mecanismo muy caro y poco eficiente para enfrentar un problema que se presenta con bajísima frecuencia. Entre otras cosas, al tratar a todos los niños, niñas y adolescentes como presuntos criminales, se rompen los vínculos de confianza entre autoridades escolares, maestros, padres de familia y estudiantes, haciendo más difícil la detección temprana de casos realmente problemáticos.

4. Señalar que los tiroteos como los de Torreón son un fenómeno extraordinario no implica negar la realidad de la violencia escolar. Ese sí es un problema de enormes alcances: en 2014, el INEGI estimó que 1.36 millones de jóvenes entre 12 y 18 años, distribuidos en 47 zonas urbanas, sufrieron alguna forma de acoso escolar o bullying. Atajar esas formas de violencia es una tarea urgente, pero eso pasa por fortalecer los vínculos entre escuela y padres de familia y capacitar a los docentes en prevención de las violencias, entre otras medidas, no por revisar mochilas.

5. Eventos como el del viernes son recordatorios de la urgencia de atender problemas de salud mental, tanto en menores de edad como en adultos. Según datos de la Secretaría de Salud, uno de cada cuatro adolescentes enfrenta algún padecimiento de salud mental entre los 12 y los 18 años. Menos del 15% recibe atención adecuada. La salud mental representa solo 2% del gasto total en salud. En ese contexto, detectar a tiempo casos problemáticos como el del niño de Torreón se vuelve extraordinariamente complejo.

En resumen, el tiroteo de Torreón es un hecho excepcional. No va a haber muchos más casos similares. Sin embargo, podría servir de catalizador para enfrentar de mejor manera los problemas de violencia escolar y facilitar el acceso a servicios de salud mental.

Ojalá.

[email protected]. @ahope71

Columna publicada en El Universal el 13/01/2020

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