Claudia y la Fórmula 1

Claudia y la Fórmula 1
Foto: Twitter Juan Ignacio Zavala

Cuando uno señala los errores, inconsistencias y excesos de un gobierno, se obliga, de alguna manera, a reconocer lo que son aciertos. Son conocidos los enormes yerros de Claudia Sheinbaum al frente del gobierno de la CDMX. Su tendencia a esconderse en los problemas, su distancia y frialdad la han puesto en el centro de las críticas en una entidad en la que los ciudadanos no perdonan fácilmente.

El evento de la Fórmula 1 en la capital del país fue sin duda un éxito. Y lo fue, entre muchos factores de organización, porque la autoridad que es Sheinbaum decidió cooperar en el evento. Recordemos que todavía no asumía el poder y ella y sus colaboradores anunciaban la cancelación de un evento al que consideraban frívolo, sin beneficio alguno y, como todo lo pasan por el tamiz de la raza o la clase social, decían que era para blancos ricos que tenían en ese evento uno más de sus privilegios, auspiciados por el voraz neoliberalismo internacional que se enseñoreaba en el país hasta que llegaron los humildes y leales servidores de la cuatroté.

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Se sabe que los seguidores y defensores del gobierno federal y el capitalino funcionan como hordas digitales dispuestas al linchamiento de quien se les indique y tratan de deshacer cualquier cosa que salga del control de esos gobiernos o que manifieste alguna manera de oposición. De esa forma se intentó cancelar el evento automovilístico con los ya mencionados argumentos de la posición social y el color de la piel. Para ellos, expulsar la Fórmula 1 era un triunfo más del proletariado sobre la clase dominante que se resistía a morir.

Todo parece indicar que Sheinbaum se hizo de la información correcta, decidió reunirse con los empresarios mexicanos atrás del evento y replanteó la participación de su gobierno y mantener la carrera. Es una clara muestra de que la rectificación es valiosa y no solamente eso, sino que hay cosas positivas en las que quizá lo que hace falta es rehacer la manera de participación, eliminar los abusos, si los hay, y permitir que ciertas cosas mantengan su ritmo, pues significan beneficios para la ciudadanía. Debo decir que nunca he ido a esos eventos y me son muy lejanos. No me gustan y no pienso asistir nunca. Sin embargo, entiendo los beneficios que trae al país y a la CDMX. Los televidentes de esas carreras suman muchos millones alrededor del mundo. Las ciudades se pelean por poder tener el premio, el nombre de México está presente en uno de los mayores acontecimientos deportivos. Independientemente de la derrama en turismo, el impacto en imagen es mayor, mucho mayor, del que suponen que no hay nada más impactante que las mañaneras de palacio. Más aún si se piensa que la imagen de México en el mundo en estas últimas semanas ha sido la del gobierno rendido ante el narco en Culiacán, así que por lo menos se pudo mostrar otra cara.

Hay que decirlo: bien por Claudia Sheinbaum, que le dio una vuelta a sus propios prejuicios y salió ganando y su ciudad también. Ojalá no sea el único tema en que sucede. Pensar que todo lo que se hizo antes estuvo mal es un error y revisar es un acierto. Y ojalá sus seguidores lo aquilaten también, a lo mejor ya lo hicieron, porque hubo mucho chairo tuiteando sus fotos felices en el autódromo. Es claro que se la pasaron bomba y que eso no significa renunciar a sus ideas, sino simplemente que asistieron a una carrera de automóviles.

Columna publicada en El Financiero el 28/10/2019

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