Diálogo (imaginario) en La Chingada

Diálogo (imaginario) en La Chingada
Foto: Twitter Milenio

Todo se hizo con machetes y bastones, para darle trabajo a la gente. Estuvieron los 18 años de mi gobierno.

El ex presidente, sonrisa beatífica, mirada serena, guayabera amplia, camina de la mano con su nieto, Benito, entre árboles perlados de frutas tropicales.

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–¿Eres feliz aquí, en el rancho, tata?

–Mucho, m’ijo. Después de trabajar como presidente y culminar la cuarta transformación de la vida pública, tu abuelito se merece un descanso.

–¿Tú plantaste todos estos árboles?

–Sí, pero con ayuda del pueblo bueno. ¿Sabes que no se usaron máquinas? Todo se hizo con machetes y bastones plantadores, para darle trabajo a la gente.

Estuvieron los 18 años de mi gobierno cultivando aquí. Sembraron todo este campo: media hectárea.

También construyeron con sus manos el camino que viene de la carretera.

–¿El que se volvió a romper la semana pasada, tata?

–Bueno, es que llovió otra vez. Además, el camino mide 200 metros y solo tronaron como 120. El pueblo no se equivoca, Benito. Además, ya se secó.

–¿Me puedo comer un mango?

–Claro. Esos árboles me los regaló el tío Macedonio.

-¿Te acuerdas de él? Lo conociste en Acapulco.

–Ah, ¿el que iba rodeado de gente con armas? Me daba como cosa, tata… Oye, ¿y esos barriles?

–Tienen combustóleo. La patria lo necesita para que haya luz en las casas de todos.

Lo que pasa es que el tío Manuel no ha logrado usarlo y los extranjeros, que no quieren a México y lo han saqueado, se niegan a recibirlo. Por eso tu tata los está guardando aquí, hasta que el tío Manuel lleve la luz a todo el país. Solo le falta como la mitad… También los estamos almacenando en la cámara de Diputados, el Palacio Nacional y las 39 casas de la tía Irma Eréndira.

–Ah, sí. La del relojote… Oye, tata. ¿Y el avión que tienes guardado es tuyo?

–No, es del pueblo bueno.

Tu tata decidió venderlo, rifarlo y venderlo.

Estamos esperando comprador.

Con el dinero vamos a adquirir medicinas para los más pobres.

– Oye, tata, ¿a qué hora regresamos a la casa? Me está dando hambre.

–En un rato, m’ijo. Es que la abuela Beatriz y sus amigas están leyendo poesía.

Aguántate tantito. ¿Sabes que hoy tenemos barbacoa?

–¿Otra vez? Te gusta mucho, ¿verdad? Bueno. ¿Esta vez me la puedo comer sin jugo de piña miel?

–Mmm.. Está bueno, m’ijo.

–Oye, tata…

–Dime.

–¿Por qué cada vez que la abuela Beatriz y sus amigas se ponen a leer poesía te quieres ir a pasear?

–Mmmm… Este…

-¿Sabías que a Mussolini le pusieron Benito por Juárez?

POR JULIO PATÁN
[email protected] 
@JULIOPATAN09

Columna publicada en El Heraldo de México el 26/02/2021 

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