El agente topo

El agente topo
Foto: Twitter Academia de Cine

La película juega continua y virtuosamente con los entreveramientos del documental y la ficción, nunca lo hace mejor que con Sergio, convertido en un personaje de cambios sutiles, dejará de ser el espía del inicio de la aventura para volverse un inquilino.

Un detective privado que tiene la encomienda de investigar cómo tratan en un asilo a la madre de su clienta toma una decisión rarísima: publica un anuncio en el que ofrece trabajo a una persona de 80, 90 años. El trabajo es de espía. Previa capacitación, para empezar, en el uso de la tecnología, esa persona tiene que infiltrarse en la residencia de ancianos para recoger evidencias de cualquier forma de maltrato o descuido. El elegido es Sergio, viudo de 83 años con una bonita vida familiar, un carácter apacible y, claramente, una espléndida disposición al trabajo.

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Esa es la premisa de El agente topo, de la chilena Maite Alberdi, una premisa que se diría propia de una comedia. De arranque, la película, estrenada en festivales en 2020 y llevada apenas al público en plataformas, parece eso, una comedia amable, suavemente irónica, impregnada de un humor amortiguado, lacónico y cariñoso. Sorprendentemente, no lo es, y va el spoiler: se trata de un documental que justo en esa categoría, la de largometraje documental, se dispone a competir por un Oscar. Más que lo merece.

Ensamblada muy talentosamente como eso que llamamos una película de ficción, la película de Alberdi –siguen los spoilers, con mis disculpas– cambia sutil y rápidamente de tesitura para convertirse en un acercamiento entrañable, de un realismo nada granguiñolesco pero a ratos profundamente triste, complejo, lleno de matices, a la vejez. Es una película a coro y hecha de contrastes, es decir, de fragilidades físicas y desde luego mentales, de soledades y despedidas, porque la muerte por supuesto se asoma, pero también de amistades nuevas entre personas muy viejas e incluso de amores, de solidaridades, cariños y espíritu festivo.

Mención aparte merece el protagonista, el topo del título. Si la película juega continua y virtuosamente con los entreveramientos del documental y la ficción, nunca lo hace mejor que con Sergio, convertido en un personaje de cambios sutiles y sin embargo contundentes que ahí, en ese asilo, dejará de ser el espía del inicio de la aventura para volverse un inquilino más, pero no uno cualquiera, sino uno capaz de empatía y de un afecto delicadísimo, es decir, un personaje conmovedor. Porque vaya que es un personaje, y algo más. Con un talento envidiable, con esa cámara discreta y esa edición notable, Alberdi convierte a Sergio Chamy, el personaje, en Sergio Chamy, el actor, y un actor notable.

La industria cambia, sin duda por la pandemia, que tiene cerrados los cines, aunque no nada más por eso: el muy comentado caso de Roma, de Cuarón, fue la señal de que empezaríamos a ver estrenos en casa cada vez con más frecuencia. Justo así, en casa, buena parte de las películas que van al Oscar están ya a nuestra disposición. El agente topo es una muy buena manera de arrancar un maratón.

POR JULIO PATÁN
[email protected] 
@JULIOPATAN09

Columna publicada en El Heraldo de México el 21/03/2021 

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