El fugaz encuentro con los evólogos

Evólogos
Foto: Twitter Juan Ignacio Zavala

El asunto de Bolivia trajo atareado al canciller, seguramente al Presidente, a personal de las Fuerzas Armadas y especialmente a Twitter, red social en la que surgieron especialistas en aquel país, expertos en golpes de Estado, estudiosos del ejército boliviano, gente con un conocimiento increíble del devenir histórico de la nación andina y un sinfín de evólogos.

No hubo mayor problema que el generado en esa gigantesca cantina en la que se tuitea lo que sea con tal de no dejar de participar en algo que se piensa es la discusión del momento. Por supuesto que hubo reacciones de todo. El PAN, sin entender nada, sin siquiera revisar su conducta histórica, censuró el asilo. Ayunos de personajes, el panismo refritea figuras mediocres cuyo único horizonte en la vida nacional es no ser como Venezuela, toda su brújula política se mueve en esa dirección. Nada les costaba reconocer el asilo y denunciar las tropelías electorales de Morales. Llenos de lugares comunes no logran una expresión genuina ni cuando el viento les favorece.

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El evento fue aprovechado por todos. La derecha radical –esa que ha sacado del cajón con tanto talento y dedicación el presidente López Obrador- aprovechó para sacar algo de su veneno que, como siempre, viene mezclado con fuertes dosis de clasismo. El gobierno porque cualquier cosa, así sea un triunfo del Cruz Azul ahora que se acabó el beis, les parece un tema lo suficientemente importante para querer cambiar el foco de atención en el desastre que es la estrategia de seguridad en este país. Así que le dieron duro a lo ideológico y se dedicaron a hablar del tema bastante más de lo que hablaron de Culiacán el día en que liberaron a Ovidio. Marcelo Ebrard, que anda desatado ante la inexistencia del resto del gabinete, mandaba tuits a cada rato anunciando la situación en aquel país y dejaba ver que se le ofrecería asilo a don Evo, lo cual se confirmó sin que fuera sorpresa para nadie; luego el canciller explicaría en la mañanera el periplo para traer a Morales como si fuera una versión alternativa de Viajando con los Derbez. Claro que tratándose de un evento internacional en el que se ve envuelto un amigo de la cuatroté, se entiende el protagonismo nacional y las decisiones tomadas por el gobierno. Honrar la tradición de asilo no exige raseros ideológicos de ninguna índole.

La fanaticada gubernamental se dio rienda suelta con el tema. Por fin algo que no era perdedor en semanas de agobio y de ver palidecer al gobierno ante el desorden imperante en la vida nacional. ¿Qué mejor que la defensa del bloque populista latinoamericano que pasa días en desgracia? Así pues, dieron rienda suelta a su espíritu juvenil, a su vocación por la consigna y sacaron sus frases hechas, los viejos poemas, la retórica latinoamericana ochentera, la solidaridad continental que tenían empolvada debajo de un disco de Bon Jovi, se pusieron un poncho, buscaron un LP de los Calchakis y se dedicaron a tuitear con entusiasmo. Salieron cosas divertidísimas muy propias de aquellos años en que Silvio y Milanés vendían muchos discos y sus canciones eran parte del programa ideológico de cualquier partido progre. Salieron a relucir mensajes como: “Latinoamérica unida resistirá la embestida totalitaria, Evo no estás solo (cuando la verdad es que en Bolivia sí lo estaba, parece que en México estará más acompañado)”; “Evo mi casa es tu casa, las fuerzas oligarcas serán detenidas por el pueblo libertario”, “Evo te invito a comer a mi casa…” y alusiones a las botas militares, al intervencionismo yanqui (en días en que el FBI investiga en territorio nacional el asesinato de ciudadanos norteamericanos) y otras cosas del pasado muy en boga en este México vintage de López Obrador (Julio Patán dixit).

Evo ya está aquí. Podemos estar tranquilos que no es un problema nacional y que fue una anécdota de la política, un fugaz encuentro con los evólogos. Es hora de que volvamos a atender los propios, que son muchos y muy complicados. No quitemos el foco de donde debe estar.

Columna publicada en El Financiero el 13/11/2019

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