El Presidente humanista

Peje humanista
Foto: Twitter Juan Ignacio Zavala

Una de las sorpresas que nos da la cuatroté es su inmensa capacidad de innovación en materia de ocurrencias y dislates. Ante el desorden que reinó en el operativo para aprehender a Ovidio Guzmán y la decisión de doblegarse ante el criminal como fruto de la ineptitud gubernamental, el Presidente y su coro de repetidores salieron con que tomaron una decisión “muy humana”, que consistió en que salvaron las vidas de ciudadanos que ellos mismos pusieron en riesgo con sus decisiones, pero hay que recordar que la estupidez también es “muy humana”. De ahí derivaron en afirmar que el Presidente es un “humanista”, que se rige por el “humanismo”. No creo que sepan muy bien a qué se refieren con eso, pero les pareció muy propio del momento. Dado que estaremos viviendo bajo un “humanismo versión 4T”, veamos en qué consiste tener un presidente humanista para lo cual me permito sugerir este breve manual de entendimiento.  

¿Cómo ser un presidente humanista?

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1.- Usted es un ser humano por lo que todas sus decisiones son muy humanas. Esto es muy importante que lo reitere, ya que es de humanos equivocarse, pero también acertar a sí que puede moverse con toda comodidad en esos terrenos. Recuerde, usted toma decisiones humanas. No es un elefante.

2.- Un presidente humanista se supone que se interesa por todo lo humano. Y como los humanos necesitan constantemente de guía y corrección lo mejor es que esté rodeado de gente que sepa tomar decisiones en favor de los humanos. Por ejemplo, los que están migrando y pasan por el país es muy probable que necesiten y quieran estar en su casa, pero quizá por mala información andan por aquí. “Así sean de Marte” usted mándelos a su casa o, aún mejor, si puede mandarlos a “India, Camerún o África.” El racismo es algo muy humano como lo ha mostrado el titular del Instituto Nacional de Migración.

3.- Es importante que tenga un partido humanista que lo apoye. Si puede que sea presidido por una persona que raye en los límites de la racionalidad, mejor. Un partido humanista en estos tiempos se debe guiar por su líder y debe ofrendarle toda obediencia sin cuestionamiento alguno. El lacayismo es otro rasgo de los humanos, explótelo a plenitud durante su mandato. Por ejemplo, si algún humano quiere opinar en contra de lo que hace usted, lo mejor es que salga la líder de su partido y les deje muy claramente que ellos “no pueden opinar”, que no se les va a permitir. Una cosa es que sean humanos y otra que quieran opinar. No se puede todo.

4.- Amar al prójimo es muy importante, porque resalta uno de los valores humanos que usted desea representar: amar a los demás no como obligación, sino como virtud. Pero como bien reza el dicho: quien bien te quiere, te hará sufrir. O como dijo el Príncipe de la canción: amar es sufrir. Así que haga sufrir al semejante para que pueda amarlo. Por supuesto no se refiere a los criminales, ahí con respeto y cuidadito porque ellos también son humanos. Pero a los adversarios políticos a los que no piensan en política como usted, a ellos con todo: hay que gasearlos, dígales fascistas, conservadores, mafiosos, fifís, espurios, hipócritas, maiceados, deshonestos, minoría rapaz, persígalos, métalos a la cárcel… todo eso lo hace a usted muy humano.

5.- Siembre el odio. El odio también es algo de humanos. A pesar de todos los avances de la ciencia no se sabe que, por ejemplo, los colibrís odien a los demás. Es de humanos. Y además es una cosa bíblica –el uso de la religión para cuestiones políticas es superhumano– ahí está Caín, para no ir más lejos. Fomente la división entre sus gobernados –salvo entre los criminales a quienes se les pide perdón y procure no molestarles–, diga cuáles son los buenos y los malos, califique sus conductas, denigre al opositor, exhíbalo en la plaza pública. Dé rienda suelta al rencor y al tiempo predique el perdón.

Estas son solamente unas sugerencias para ser un presidente humanista. El tiempo seguramente las multiplicará. Qué suerte vivir en tiempos del nuevo humanismo.

Columna publicada en El Financiero el 23/10/2019

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