‘La desobediencia de Marte’

La desobediencia de Marte
Foto: Twitter David Miranda

En el escenario, entre maquetas móviles, discuten con veneno dos astrónomos: Johannes Kepler, primer promotor de las teorías copernicanas en el siglo XVI, cuando todavía era peligroso promoverlas (a Giordano Bruno le costó la hoguera), y Tycho Brahe, más viejo, más cínico y campeón incuestionable del cálculo matemático. O no: discuten en realidad —va el spoiler— dos actores, uno joven y serio, salido del teatro universitario, el otro viejo, también cínico y famoso gracias a la televisión comercial, que se disponen a interpretar a los dos astrónomos. ¿Sobre qué discuten? La obra es de Juan Villoro, así que, en un texto virtuosamente concentrado, rico, rapidísimo, sobre casi todo: sobre la tele, el teatro y la condición de actor, sin duda, pero también sobre la vejez, la maternidad, el padre ausente, la enfermedad. Y mientras discuten, también con velocidad, porque en realidad no se conocen, crean un vínculo inclasificable, que no es solo de colegas, pero no es de padre e hijo y decididamente no es de amigos.

La obra es La desobediencia de Marte, y debe significar un ejercicio agotador, de veras demandante, para los actores. Y es que, en términos de registro emocional, el texto es también riquísimo en vaivenes. Dotado de un humor cáustico y hasta políticamente incorrecto a ratos, se mueve con naturalidad hacia una tristeza profunda y luego a una especie de pesimismo ontológico: como es habitual en Villoro, el mundo aparece como algo roto, malo, disfuncional. Por si quedan dudas, los actores, Mauricio Isaac y un muy versátil Víctor Trujillo (vaya forma de cambiar, justamente, de registro), están más que a la altura.

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Conocido por sus novelas (El testigo, El disparo de Argón), taquillerísimo autor para niños y jóvenes (El libro salvaje), cronista (8.8, Palmeras de la brisa rápida), cuentista, traductor, ensayista, Villoro lleva unos años entregado con gran talento a la escritura teatral. No hay mejor muestra que La desobediencia de Marte.

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La desobediencia de Marte está en el teatro Milán, viernes, sábados y domingos. Dirige Antonio Castro, otro que se ganó de sobra los aplausos.

@juliopatan09

Columna publicada en Milenio el 08/10/2019

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