Los costos de San Juana

Los costos de San Juana
Foto: Twitter Juan Ignacio Zavala

Sanjuana Martínez, directora de Notimex, es un buen ejemplo de lo que pasa en el gobierno y en Morena en estos días. Nadie sabe qué hacer, pero prefieren el daño que les provoca una persona con un puesto menor, que tomar una decisión la cual solamente ellos interpretan como señal de debilidad. Por lo pronto, la señora Martínez se ha convertido en una especialista de lo que tanto le gusta: el escándalo y la bajeza.

Si bien es cierto que es conocida su capacidad innata para odiar –lo que en la 4T es un valor y hasta una característica que se comparte con el Presidente–, era desconocida su capacidad para sembrar veneno en su lugar de trabajo, y su enorme talento para destruir cualquier vínculo humano que tuviera esa pobre mujer en su miserable existencia.

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Trabajadores en Notimex han levantado una huelga desde hace más de ochenta días. La autoridad ha solicitado a la dirección que suspendan labores, la señora Martínez se ha negado. ¿Tiene sentido que la mantengan contra viento y marea? A saber en qué quiere gastar el presidente López Obrador su capital político, pero se le va a ir una buena parte con Bartlett y otra con Sanjuana, personajes a quienes nadie con sentido del decoro y la decencia pública puede defender.

En los propios círculos oficiales ya la ven con el desprecio que se merece. Misógina y déspota, la señora ha corrido a más de 172 mujeres de la agencia noticiosa (Peniley Ramírez El Universal, 15/05/20) y siete de cada diez huelguistas de Notimex son mujeres.

Su manera de esparcir odio en la agencia y en el gremio ha llegado a niveles insospechados. Ha usado la agencia para difundir campañas de desprestigio en contra de cualquier persona que más allá de pensar diferente, o tener otras preferencias políticas, simplemente sienta que es más importante y destacado que ella –lo cual es muy sencillo. Sus fobias, concentradas en personas, abarcan la totalidad de la oposición y un buen porcentaje de quienes simpatizan o lo han hecho con López Obrador. La semana pasada se dieron a conocer una serie de conversaciones entre ella y su personal en las que se daban indicaciones de golpear mediáticamente a determinadas personas.

El escándalo es de tal tamaño que hasta un grupo de senadores de Morena se manifestó al respecto. Cuando necesitas que te defiendan Martí Batres y Napoléon Gómez Urrutia es porque tus niveles de calidad moral andan por el subsuelo. El texto de defensa es quizá más lamentable que los firmantes, pues dicen en pocas palabras que es más importante el derecho de los clientes de Notimex que los de los trabajadores en huelga.

Es discutible la pertinencia de contar en estas épocas con una “agencia informativa” al servicio del gobierno, que no del Estado, mexicano. Pero lo que está en la discusión pública es el nivel tan ramplón e ilegal de la directora tanto en su persona, como en el de funcionaria. Sus pleitos han convertido una agencia de eficiencia cuestionable en un vulgar órgano de propaganda populista al servicio ni siquiera del gobierno, sino de la señora Martínez y sus delirios de grandeza.

El país atraviesa momentos difíciles. El gobierno ni se diga, sólo atina a proyectar caos y desorden. El caso Sanjuana es parte de ese caos, representa uno de los costos que empieza a pagar el Presidente, innecesariamente. Se entiende que se paguen costos por una obra polémica, por una decisión de política pública, pero por mantener en su puesto a una persona que nada más le trae problemas, parece innecesario, pero tal vez también de eso se trata la transformación.

Columna publicada en El Financiero el 18/05/2020

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