Muchos homicidios, pocos homicidas

Uruapan
Foto: Twitter POLÍTICO México

Este fin de semana, Michoacán se incendió de nuevo. Uruapan, para ser preciso. Ese municipio fue escenario de un hecho terrible: en un local de maquinitas, un grupo de cuatro hombres armados asesinó a nueve personas, incluyendo a tres adolescentes.

La explicación oficial sobre el evento ha sido la de siempre: una disputa entre grupos criminales. Hay algo de cierto en eso. Pero esa teoría omite un hecho más básico: la gente mata porque no hay consecuencias en la mayoría de los casos. En Michoacán, ocho de cada diez homicidios cometidos en 2018 quedaron impunes, según un reporte reciente de la organización Impunidad Cero. Y eso es mejor que la tasa nacional (89.1%).

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Esto resulta patético si se considera que, probablemente, una parte considerable de la violencia letal es responsabilidad de un número relativamente pequeño de individuos.

En 2019, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), 35 mil 588 personas fueron asesinadas en México ¿Eso significa que circulan entre nosotros 35 mil 588 asesinos? No necesariamente. Por una parte, puede haber dos o más perpetradores en un homicidio individual. Pero también pueden existir asesinos múltiples.

No sabemos cuántas personas están en cada una de esas categorías, pero asumamos que esos dos efectos se compensan entre sí y que hay en promedio un homicida por homicidio. Eso nos dejaría con 35 mil 588 asesinos.

Pero dentro de ese número, es posible que haya diferencias considerables. Algunos solo participan en un homicidio en complicidad con otras personas y otros son responsables de una decena de asesinatos.

Supongamos para fines del argumento que 20% de los asesinos cometió en promedio dos homicidios durante el transcurso de 2019. Eso significaría que 7,118 personas habrían cometido 14,236 asesinatos el año pasado, 40% del total nacional. Si se hace el mismo cálculo para Michoacán, resulta que 412 individuos habrían sido responsables de cuatro de cada diez homicidios cometidos en el estado en 2019.

Ahora olviden todos los cálculos previos. El número de asesinos involucrados en múltiples homicidios puede ser mayor o menor a lo estimado en los párrafos anteriores. También puede ser mayor o menor el porcentaje de homicidios responsabilidad de ese grupo.

Pero el punto es que, en cualquier estado, una gran proporción de la violencia letal es generada por un grupo reducido de personas, de no más de unos cuantos cientos. Si las autoridades pudieran detener y procesar a la primera a esos individuos, posiblemente nos ahorraríamos un número importante de homicidios. Y sería aún mejor si se les pudiera identificar antes de que llegasen a la violencia homicida.

¿Cómo hacer lo anterior? Se me ocurren dos ideas. En primer lugar, tal vez habría que concentrar esfuerzos en investigar masacres como la ocurrida este fin de semana en Uruapan. Es probable que los perpetradores (materiales e intelectuales) sean individuos particularmente endurecidos, con varios muertos en su haber y dispuestos a volver a matar en el futuro. Es decir, pertenecen al grupo prioritario.

Segundo, muchos de esos individuos, con alta probabilidad, han entrado en contacto con el sistema de justicia penal en diversas ocasiones antes de cometer su primer homicidio (por robo, lesiones, violencia familiar, etc.). Si les pudiese identificar y atender de manera temprana, sería posible evitar que crucen la raya de la violencia homicida.

Esas ideas pueden o no funcionar. Que vengan otras. Pero sí hay que partir de reconocer que buena parte de nuestro problema de violencia se concentra en unos cuantos individuos. Es en ellos dónde deberíamos de concentrar los esfuerzos.

[email protected]. @ahope71

Columna publicada en El Universal el 05/02/2020

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