Notimex

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Foto: Twitter CPJAméricas

En este régimen, los medios son increpados por el Presidente, mientras mueren periodistas a manos del crimen.

Ah, la perdurabilidad de la fe.

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Estarán al tanto del reciente escándalo de Notimex. Dicho en dos líneas, nos enteramos de que, con nuestros dineros, los de los contribuyentes, la agencia gubernamental se dedicaba a desatar campañas en redes contra personajes, sí, críticos del régimen, pero sobre todo críticos de la agencia misma y de su directora.

¿A qué me refiero con lo de la fe?

Las reacciones fueron, del lado de los críticos de siempre, las esperadas. Del lado de los creyentes, en cambio, como el espectáculo es de veras grotesco, hubo muy pocas defensas abiertas de los manejos de la agencia –cuando el que tiene que arrimar el hombro es Napoleón Gómez Urrutia, es que la cosa está de veras jodida–, muchos silencios convenientes y unas cuantas críticas, todas más o menos en esta tesitura: “No entiendo lo de Notimex. Es obvio que al presidente Andrés Manuel López Obrador le resta más de lo que le da”.

Tengo que preguntarlo: ¿en dónde, exactamente, radica la “obvio”?

Suponer que Notimex le “resta” a este régimen es suponer que es una especie de anomalía, una lamentable excepción, un error. Es suponer que este régimen aspira a que las cosas caminen en una dirección diferente. Pero no. En este régimen, los medios son increpados por el Presidente, mientras mueren periodistas a manos del crimen organizado o un periódico, Reforma, revela que sufrió amenazas del Cártel de Sinaloa.

No sólo eso: en este régimen se miente muy impúdicamente y además mucho, hasta cifras de récord, según se ha demostrado, y por lo tanto hacen falta mecanismos de difusión de lo falso que sean justamente así, impúdicos, como Notimex, como la tribu de aplaudidores que se reúne en Palacio Nacional o como los canales públicos.

En otras palabras, amigas, amigos, hay que tener de veras mucha fe para pensar que Notimex no es, cabalmente, parte de este régimen, que a fin de cuentas es el régimen de los Bartlett con sus combustibles fósiles y sus contratos por asignación directa (todos sabemos que el último, el de los ventiladores, sino se arma el escándalo que se armó, hubiera pasado felizmente), de Rocío Nahle consiguiendo guerras comerciales con los saudíes y ahuyentando a la inversión por sus aficiones petroleras y de Irma Eréndira ocupada, mientras, en acusar de cuatismo-salinismo a los becarios del Fonca.

En otras palabras, Notimex, los Bartlett y compañía no le restan al Presidente. Al contrario: suman, y mucho, a su proyecto. Lo definen. A quienes les resta es a ustedes. A nosotros.

Me parece pertinente aclarar que una de las personas que “sufrió” una campaña de Notimex fui yo.

Uso las comillas porque, la verdad, me enteré de la campaña gracias a la investigación revelada por Carmen Aristegui y Artículo 19.

Es que se puede ser indigno e incompetente a la vez, cómo no.

Columna publicada en El Heraldo de México el 20/05/2020 

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