Obligados a ser cursis

Obligados a ser cursis
Foto: Twitter Político MX

Es un síntoma de autoritarismo difícil de obviar, pues, y échenle ojo sino a las representaciones dancísticas con niños en Corea del Norte.

Incluso en los países rigurosamente democráticos, la cursilería es un condimento inevitable, por momentos, del ejercicio del poder. Pero ese condimento, en los países digamos que no rigurosamente democráticos, domina el plato.

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Es un síntoma de autoritarismo difícil de obviar, pues, y échenle ojo sino a las representaciones dancísticas con niños en Corea del Norte, al franquismo o a las canciones de Silvio Rodríguez. ¿Se está poniendo cursi la cosa? Preocúpate.

Y cuando digo “preocúpate” no lo digo tan en abstracto. Como hijo de una familia que fue de izquierdas, crecí rodeado de un progresismo digamos que sofisticado, culto, cuyos exponentes mediáticos o académicos, sin excepciones, apoyaron a la 4T en las urnas, en ciertos casos lograron incrustarse en posiciones segundonas en el aparato de gobierno y en general no lo consiguieron, pero lo intentan con anhelo de enamorado.

Siempre me sorprendió la imagen de futuro que dominaba esa forma de militancia. Ya saben: campos eólicos por doquier, hartas bicis zigzagueando por las ciudades, la bandera LGTB en el Zócalo y la agenda feminista irrumpiendo en Palacio Nacional con un brillo onda el Cartier de Irma Eréndira. Y no, caray.

En vez de eso, lo que tenemos es inauguraciones de las obras de una refinería, con lábaros y bandas militares y todo, o de los primeros 38 metros del Tren Maya.

También, declaraciones sobre la familia tradicional como pilar de la sociedad, onda Marcelino, pan y vino, o sobre que “las mujeres se merecen el cielo”, que no hubiera titubeado en recitar un Pedro Infante lloroso en el regazo de Sarita García.

Por supuesto, tenemos representaciones de la grandeza de nuestra historia como la del día del Grito, con el juego de luces y esa onda tipo: “A continuación, el tradicional jarabe tapatío”, o los desfiles con botarga y carro alegórico, o la que me parece más de “preocúpate”: esa del 20 de noviembre en que el presidente, con deleite, miraba el paroxismo kitsch de una representación de no sé qué batalla con uniformes incrustados de platería, machetes pintados y cañones de época.

Digo que me parece más de “preocúpate” porque, amigo progre, ese día los camarógrafos encargados de inmortalizar esa puesta en escena tuvieron que ir disfrazados con calzón de manta, pa’ no desentonar.

Y es que la cursilería es obligatoria; lo abarca todo. No hay medias tintas: para subir en el escalafón tienes que asumir cierta retórica, ciertos modos.

Que la guayabera para decir que el Instituto Nacional Electoral debe morir; que el video con un rollo tipo “Mientras silbaban las balas, yo, pleno de gallardía, pensaba: ‘La historia y el pueblo les cobrarán la afrenta, neoliberales’”, por aquello de justificar un prestamito de 150 kilos; que “procésenlo por traición a la patria”.

Me preocupa, pues, que mañana, ese camarógrafo disfrazado seas tú.

POR JULIO PATÁN
[email protected] 
@JULIOPATAN09

Columna publicada en El Heraldo de México el 31/03/2021 

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