Política andina: Perú y Bolivia

Política andina: Perú y Bolivia
Foto: Twitter @FLineXWalls23

Me refiero a dos temas centrales en dos países de América del Sur: la severa crisis política que atraviesa Perú y el retorno del “padre pródigo” de Bolivia a su país.

Nueva crisis política en Perú. Hace exactamente veinte años, el 20 de noviembre de 2000, Alberto Fujimori renunció vía fax a la Presidencia de Perú. Dos décadas después, la Plaza de Armas (o Plaza Mayor) de Lima vuelve a ser el epicentro de la protesta política del país, algo que desde entonces no había ocurrido con esta magnitud. Hace una semana, Manuel Merino, presidente del Congreso peruano, logró —finalmente— conseguir la destitución del presidente Martín Vizcarra, de lo cual el propio Merino resultó beneficiario… fugaz: la presidencia del país le duró cinco días. Un breve e intenso ciclo de protestas, brutalmente reprimidas, dejaron (hasta donde se sabe) un par de muertos y decenas de heridos. Esto llevó a la renuncia de Merino y a que, por unas horas, Perú se quedara sin titular del Poder Ejecutivo ni presidente del Legislativo. La crisis constitucional y el problema de acefalía parecieron entrar en un impasse con la designación, apenas este lunes, de Francisco Sagasti Hochhausler como presidente del Congreso y, bajo esa circunstancia, en automático presidente interino de la República. El episodio de contar con tres presidentes en una semana recuerda a aquél que experimentó Argentina a finales de 2001.

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Vizcarra fue beneficiario y víctima de dos males que han caracterizado a la política peruana en las últimas décadas: la corrupción y la persistente precariedad del sistema de partidos, heredada del legado destructivo del fujimorismo y sus sistemáticos esfuerzos por sobrevivir en la política peruana. Sobre el primer punto, hay que recordar que Perú tiene una cifra récord de candidatos presidenciales y expresidentes procesados por corrupción (en gran parte, por la trama Odebrecht); y, en cuanto al segundo, actualmente los dos partidos columna de la política peruana, APRA y Acción Popular, no son ni la sombra de lo que fueron en el proceso de transición a la democracia peruana y no es gratuito que, con excepción del infausto Alan García (de APRA), los últimos presidentes que ha tenido ese país (Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, el propio Vizcarra y el flamante Sagasti) hayan sido producto de coaliciones electorales fluctuantes e inestables.

¿Lamento boliviano? No alcanzó a la oposición boliviana el año que transcurrió tras las críticas elecciones presidenciales de 2019. El interinato de Jeanine Áñez marcó el exilio de Evo Morales, que lo llevó a México y Argentina. Las elecciones del 18 de octubre reflejaron un resultado inequívoco: 55% de votos en favor de Luis Arce, exministro de Economía y Finanzas Públicas de Evo Morales, quien prácticamente duplicó la votación obtenida por el expresidente Carlos Mesa y, con ello, sepultó la posibilidad de superar el evismo en Bolivia. Como es lógico, se levantaron todas las restricciones que pendían sobre Morales, quien, al día siguiente de la asunción de Arce (9 de noviembre), cruzó por tierra la frontera desde Argentina, en medio de un impresionante despliegue de apoyo. ¿Vendrán nuevos ajustes de cuentas y revanchas en Bolivia? Esperemos que no, pero parece probable.

Columna publicada en La Razón el 18/11/2020

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