Por una derecha sin culpa

Foto: Twitter Partido Acción Nacional

Por alguna razón surgida hace muchos años en nuestro país, los que son de derecha no se consideran de ese lado del espectro político mientras que los que son de izquierda lo han hecho sin tapujo. Ser de izquierda era bien visto, era lo políticamente correcto, se tenían libros y canciones, ropa y lenguaje; ser de derecha en nuestro país significaba ser un mocho, admirador y devoto del vecino del norte y adorador de todo lo que saliera del gran capital.

El fantasma de la derecha le fue muy útil en su retórica al PRI en sus épocas doradas – algo así como los conservadores y los fifís de hoy a AMLO-. Por décadas ser de derecha en México implicaba:

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  • Estar entregado a Estados Unidos.
  • Ser un rezandero con imagen de fiel católico.
  • Un hipócrita con doble moral.
  • Saca dólares.
  • Querer vender al país.
  • Ser un pinche panista.
  • Ser un pinche empresario.
  • Un explotador de la clase obrera.
  • Heredero de Maximiliano al que había que recordarle que todavía estaba de pie el Cerro de las Campanas para fusilarlos como al emperador.
  • Ser caricaturizado como un cerdo con un signo de pesos.
  • Ser alguien que atenta contra el progreso y que desea imponerla a los demás su valores y costumbres.

Esta caricatura fomentada desde el autoritarismo terminó por volverse una suerte de verdad absoluta. No solo eso, al calificar así a toda la derecha no había matices. Todos eran parte de la misma derecha. Había que conocer bien al PAN de esos años para saber que siempre hubo una tensión entre “los mochos y liberales”. Así, la gente con ciertos tonos libertarios y democráticos se negaba a entrar en los calificativos esparcidos por el priismo – extremista en ambos bandos-. Mientras del otro lado estaba el comunismo, el muro, la guerra fría. En México una vez caído aquel muro todo parecía similar aunque ya no hubiera quien se dijera comunista y surgiera la izquierda social o el socialismo democrático. Entonces los liberales, ciertamente de derecha, se ubicaban mejor en una izquierda de centro, muerto el monstruo comunista quedaba el monstruo de las dictaduras de derecha y no había que asomarse por ahí.

Curiosamente el cambio en el país vino por el lado de la derecha, la derecha de centro del PAN. Con algunos personajes un poco radicales pero que también forman parte de ese mosaico ideológico, de creencias y valores que es el país. Aún así sorprendía que muy pocos se calificaran en la derecha, pues se trataba de algo vergonzoso. Incluso el propio PAN ha terminado por pagar su indefinición al respecto, se contentó con dar pretextos programáticos como el galimatías en que han convertido a estas alturas el humanismo político que tanto pregonan.

Quizá una de las ventajas del triunfo de AMLO es que obligará a la oposición a definirse y si alguien se tiene que agrupar e identificar así mismo es el grupo social que conforma la derecha liberal. Defender las libertades propias y de los demás; las sociales, familiares, sexuales, de empresa, de expresión es necesario en este país al que en el poder ha llegado una banda de radicales que se definen en relación al contrario. Definen al enemigo, ellos no tienen adversarios, como conservador, como fifí, como privilegiado. La derecha, los verdaderos liberales – pocos grupos tan conservadores como la camarilla que rodea al presidente y el presidente mismo es un conservador de pies a cabeza- , requieren definirse y ayudar a las fuerzas políticas a hacer lo propio. Los partidos por sí mismos no podrán, son maquinarias lentas y corrompidas. Pero lo primero será ser una derecha sin culpa. Solo así se defienden las libertades, de otra manera toda una manera de pensar que atraviesa generaciones volverá a ser una caricatura.

@juanizavala

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