Sobre el grito y el nacionalismo

Me cuento entre los que creen que el grito dado en la fiesta del Zócalo por el presidente fue un buen grito.

Tengo un resistencia natural a la exaltación patriótica que, creo, se deriva de haber sido educado por una familia de esa izquierda, hoy en franca decadencia, que rendía un tributo sano –era de lo poco sano que tenía– y claramente ingenuo al internacionalismo. Comunistas de vieja guardia, de esos que, aunque por razones discutibles y con métodos inaceptables, enfrentaron al otro horror del siglo XX, la otra fuente de ingenierías sociales y totalitarismos que fue justamente el nacionalismo: el de Hitler, el de Mussolini. Y es que el nacionalismo, bajo la retórica de la unión, de todos somos uno, es en realidad una forma infame de la exclusión: hay una forma de ser alemán, catalán, vasco, serbio o mexicano, y el que no respete esa forma no es alemán, vasco o lo que corresponda, es decir, merece la exclusión o algo peor.

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Decía Carlos Bravo Regidor luego del grito que nadie sabe agitar la cultura nacionalista mexicana como el presidente. Estoy de acuerdo, y esa es –lo digo yo, no sé si Carlos– una de sus características más discutibles. Hay en su discurso, en forma y en fondo, una tendencia a explotar los símbolos nacionalistas, los retóricos sobre todo, para trazar distinciones inapelables entre los verdaderos mexicanos, los buenos, que son los que lo aplauden, y los malos, que somos todos los demás. Ahí el informe. Ahí las mañaneras.

Bien, fue justamente esa retórica la que no afloró en el grito bien pensado, incluyente, del domingo. Sus seguidores, incluso los más moderados, se apresuraron a celebrarlo como el momento en que la patria tocó la gloria –se han apoderado sin pudor de esa retórica cursi y grandilocuente, sí– y como la prueba de que tenemos un presidentazo. Dicho en una palabra, no mamen: son muchas ganas de creer. Pero debemos aplaudir, sin ironía, que el presidente tuvo una virtud ineludible en un político, una virtud mayor: supo dejar de ser él mismo por un rato.

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Lo recomendé antes. Nadie para entender el cáncer nacionalista como Fernando Savater. Busquen Contra las patrias. Aunque habla del País Vasco, es mucho lo que nos dice a todos, en todas partes.

@juliopatan09

Columna publicada en Milenio el 17/09/2019

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