Sumergente

Sumergente
Foto: Martin Str en Pixabay

Algo así como estar en el fondo de una alberca con la presión de toneladas de agua encima. Sobre los hombros y sobre los pulmones. Mirar hacia arriba, anhelando sin poder inhalar el cielo y las nubes onduladas por la superficie del agua. Doblar las piernas. Tomar un impulso sobrehumano. Acuático. Emerger. El simple ejercicio de escribir la palabra resulta inspirador. Alienta. Emerge. Sale a flote.

Ese mismo debió haber sido el espíritu con el que el Banco Mundial retomó el verbo en la década de los 80 para hablar de los países que habían sobrevivido y superado el subdesarrollo. Que emergían. Economías emergentes. Países emergentes.

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Para los mexicanos que nacimos en el subdesarrollo, la ocurrencia del Banco Mundial no fue poca cosa. De un día para el otro los mexicanos a los que nos habían enseñado a escribir sub-de-sa-rro-lla-do como una seña particular de identidad, estigmatizados por las decisiones de los políticos cuyos apellidos también aprendimos a escribir en clase, subimos de categoría, dejamos de ser subdesarrollados. Yo ya no era subdesarrollada. Era e-mer-gen-te. Lo cual no solo sonaba mejor, sino que sugería que los mexicanos habíamos ganado un pedazo de futuro de repente. Y es que la palabra misma tiene una dosis de emergencia. Estaba sucediendo en ese preciso instante, ya.

Y en esa muy ralentizada emergencia andábamos, asegurando con uñas y dientes nuestro lugar entre las 15 economías más grandes del mundo, cuando de pronto, como quien no quiere la encuesta, se nos ocurre cancelar un aeropuerto. Ya sé que del tema se ha hablado en abundancia, pero mucho más se debería decir, porque es en ese preciso punto donde la historia da un giro completo. Justo como cuando uno está dentro del agua y lo revuelca un capricho monumental. ¿Dónde quedó la superficie? ¿Dónde está el fondo?

¿Emergemos o nos estamos sumergiendo? ¿Qué somos? ¿Un país emergente o sumergente?

La confianza está mermada. Todas las previsiones de crecimiento sumergen a nuestro país a la baja. ¿Será suficiente decir que no es así, para que no sea así? Una Presidencia performativa la tituló José Ramón Cossío, donde se piensa que basta con enunciar para que así sea. Porque lo digo yo. Porque yo tengo otros datos, pero nadie puede saber dónde están.

Los recortes en cultura están llamados a sumergirnos en la ignorancia o, por lo menos, en la propaganda ideologizada o en el olvido. No se diga los recortes en ciencia y tecnología. Un país que no mira el mundo con ganas de competir y de ganar, se sumerge en sí mismo y se limita a mirarse en un espejo, a recibir el aplauso de un reflejo.

¿Y qué decir del recorte que hizo la Secretaría de Hacienda a 26 instituciones de salud? En Cancerología, en Perinatología, en Pediatría… Recortes hechos con guadaña. Para que los proyectos prioritarios tengan recursos, para salvar una refinería que nos sumerge en el pasado, para alardear que pudimos construir un aeropuerto que le cruza un cerro por el medio, para salvar a Pemex. ¿Será que una transfusión de petróleo cura? ¿Una pastilla?

Sumergente es un país que retrocede, que pierde lo que lo hacía competir con el mundo, que invierte en la pobreza y no en la posibilidad de salir de ella. A ver niños escriban: su-mer-gen-te.

@olabuenaga

Columna publicada en Milenio el 27/05/2019

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