¿Unidad nacional? Sí, cómo no

¿Unidad nacional? Sí, cómo no
Foto: Twitter Juan Ignacio Zavala

Si alguien habla como merolico todos los días, es posible que se meta en problemas. Si el que hace de merolico es el Presidente, es muy probable que meta al país en problemas. Es el caso de López Obrador. Sus dicharachos, disparates, ocurrencias e insultos han terminado por ponerlo a él en problemas y al país en una situación innecesaria y desagradable –por decir lo menos– con un pequeño y pobre país latinoamericano.

El Presidente y sus subordinados hacen llamados desesperados a la unidad nacional ante el embate del pequeño país del sur en contra del Presidente. ¿Pero qué tal se placeaban con Evo? Evo por aquí, Evo por allá. La foto aquí, la foto allá; una coperacha para Evo, la medalla para el que manejó el avión en que vino Evo, la conferencia, las camionetas, los restaurantes, los guaruras para Evo. Bueno, pues el resultado está a la vista. El famoso Evo tuvo que irse repentinamente del país sin despedirse, y en el país andino el coraje contra el gobierno mexicano creció con quienes están al mando por allá.

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¿En serio nos estamos peleando con Bolivia? ¿Esa es la dimensión de la política exterior de la cuatroté? A Marcelo que ya se sentía Fouché y que todo le salía bien –en medio de tanta ignorancia e incompetencia de sus colegas de gabinete– se le complicó el problema por donde menos pensaba y ahora enfrenta una difícil situación con un gobierno que se ve bastante facho y que todo lo toma como una afrenta. Que un gobierno bananero no reconozca las normas diplomáticas no debe ser sorpresa. Pero hacer casus belli contra Bolivia es un error, creer que las ocurrencias de nuestro gobierno y las estupideces de otro son motivo de cerrar filas, de unidad nacional, no tiene sentido. Ni modo, a Marcelo le creció el enano.

Por otro lado, el presidente López Obrador debe de tomar en cuenta que sus palabras calan, que sus provocaciones generan respuestas. Estar insultando un año a sus críticos y adversarios, ponerles apodos, amenazarlos, estigmatizarlos públicamente y después hacer un llamado a la unidad nacional por medio de sus subordinados es de risa. Más aún cuando sus huestes siempre prefirieron darle la razón a cualquier mandatario que criticara al presidente mexicano en turno que defender al propio. Ni modo, va de regreso. Salvo que hubiese una causa necesaria, pero lo de Bolivia es un asunto en que el gobierno mexicano se metió sin medir consecuencias.

Al igual que lo hace a nivel nacional, el Presidente insulta a los bolivianos y les dice que se sienten a dialogar. Les dice que son peores que Pinochet y acto seguido anuncia que es pera que “prevalezca la sensatez y, sobre todo, la política”. Bueno, pues así va a estar difícil sentarse a dialogar con los gobernantes bolivianos.

Lo que es claro es que el gobierno se está quedando sin épica. Pero no será Bolivia. No tiene causas que unan. Han dividido todo y a todos. No hay obra, proyecto que una (salvo que hubiera una agresión de Trump, por ejemplo). Como he mencionado en este espacio, en la cuatroté todo es a madrazos, a insultos. El eje aglutinador, que era el propio Presidente hace poco más de un año, es el primer instigador de la nación. Incluso el Presidente pidió “una tregua” en estas fechas con sus críticos, pero, claro, primero los llamó conservadores. Quién sabe qué entienda el Presidente por dialogar, entender al otro, escuchar a los demás. Queda esperar que estos días de descanso le den un poco de tranquilidad y de paz espiritual.

Feliz año nuevo para todos.

Columna publicada en El Financiero el 30/12/2019

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