Vacunas: el tercer mundo éramos nosotros

Vacunas: el tercer mundo éramos nosotros
Foto: Twitter Max Kaiser

El Presidente le pide de favor unas vacunitas que le sobren a Biden. Aunque el gringo es un hombre mesurado, las carcajadas todavía resuenan.

Anuncias que compraste un montón de vacunas y de las buenazas: gringo-alemanas, británicas… Vacunas caviar.

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Le pides a LópezGatell que se arme un Power Point para explicarnos la campaña de vacunación. Como ese día no se fue la luz en Palacio Nacional, lo vimos. Venían las fechas por edad, y el tipo de vacunas que nos inundarían. 

Era buen momento para sacar el Power, porque los hospitales estaban saturados en la Ciudad de México y otros lugares; no había tanques de oxígeno, porque éramos ya el tercer país con más muertes.

Anuncias la llegada de las primeras dosis con gabinete entero, mariachi y militares que transportan la vacuna en plan “Queremos que parezca una película de acción, carnal”. Las primeras dosis alcanzaban para aplicarlas durante unas horas a la población de origen germano-suizo de entre 57 y 59 años de Tlaxcala. Pecatta minuta. 

Las siguientes dosis se retrasan. 

Las siguientes dosis se retrasan más. Dices que la de Pfizer siempre no, que porque el tercer mundo necesita nuestra solidaridad y hemos decidido acudir al llamado de la ONU. Luego resulta que no hay llamado de la ONU. Luego, que Pfizer iba con retraso. Luego, que no compraste vacunas, según… la ONU.

Mandas a LópezGatell a Argentina a negociar la Espuni.

El Presidente se enferma.

Sacas otro Power sobre la campaña de vacunación que no tiene nada que ver con el primero, ni en fechas, ni en el tipo de vacunas.

El Presidente le pide de favor unas vacunitas que le sobren a Biden. Aunque el presidente gringo es un hombre mesurado, las carcajadas todavía resuenan. Empiezas a vacunar al personal de salud… Y a los servidores de la nación, que no habías incluido en los Powers. Colas. Vacunas que no llegan.

Que no vacunas al personal de hospitales privados, esos a los que pediste ayuda. Que siempre sí.

Vacunas a los profes.

Siguen sin llegar las vacunas. Tampoco la Espuni.

Tienes jornadas de vacunación en las que salen con su primera dosis dos mil, luego mil, luego 200 personas al día. En dos meses, 700 mil dosis aplicadas. Chile lleva dos millones.

Lanzas una página para inscribir a los adultos mayores. A los afortunados les toma horas hacerlo; a los desafortunados, días.

Empiezas a vacunar a los adultos mayores. Hacen colas de dos, tres, seis horas. “Hay quiapuntarse”. ¿La página de vacunación para qué era? 

Anuncias, contra todo principio estandarizado de inmunización masiva, que te vas sobre las comunidades más alejadas.

En la Ciudad de México, logras vacunar a 20 mil personas en el primer día: dos vacunados por hora, por módulo. Les dices que van a regresar en póngale unos 80 días para una segunda dosis. Es que sólo hubo un año para planear.  

Mientras, agradeces a India que haya accedido a mandarnos unas vacunitas, “solidariamente”. 

Es que el tercer mundo éramos nosotros.

Por JULIO PATÁN
[email protected] 
@JULIOPATAN09

Columna publicada en El Heraldo de México el 17/02/2021 

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