El “proletariado emocional” y la comunicación presidencial

Aniversario Peje
Foto: Twitter MR Noticias

En diversos artículos, he planteado algunas razones por las que el modelo de comunicación de Andrés Manuel López Obrador es altamente eficaz. Entre ellas, destaca el hábil y disciplinado uso de un discurso demagógico que tiene como pilares el desahogo, la división y la distracción. También he descrito cómo, ante  problemas que para cualquier político significarían la ruina, el presidente sale avante siguiendo su propio manual de manejo de crisis.

Ese es el “lado de la oferta”. Pero el mercado de comunicación política tiene también el “lado de la demanda”, es decir, una audiencia que consume y repite esos mensajes y les otorga credibilidad y apoyo. En el caso del populismo, parte central de esa audiencia es el “proletariado emocional”. José María Lasalle acuñó este término en su libro “Contra el Populismo” para describir a segmentos de las clases medias que han visto frenado su ascenso en la escala del bienestar personal, engendrando temores y resentimientos –a veces justificados, otras no–que “viven a la espera de una catarsis”. Cuando un líder demagógico, sea de derecha o de izquierda, ofrece a este segmento la oportunidad de castigar a los que considera culpables de sus males, este “proletariado emocional” es el que se vuelca a las urnas y construye una corriente de opinión favorable al populismo.

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Hoy, el “proletariado emocional” mexicano conforma el núcleo de defensa más notorio del lopezobradorismo. Se trata de un grupo diverso, amalgamado por la convicción de que son los protagonistas de una batalla épica del bien contra el mal. Algunos de sus líderes reconocen abiertamente sus resentimientos. Otros los enmascaran detrás de causas nobles: se envuelven en banderas multicolor de diversidad e inclusión, pero, si pudieran, no dudarían en mandar a un campo de concentración a quienes los contradigan. Los más peligrosos son fábricas de propaganda negra que ya quisiera Vladimir Putin para un fin de semana. Y otros simplemente encontraron en ese grupo la oportunidad anhelada detener sus quince minutos de fama, la candidatura a algún cargo, o el cobijo bajo el manto protector del presupuesto que nunca hubieran obtenido por méritos propios.

Twitter es el escenario favorito de los voceros del “proletariado emocional”. Ahí dan rienda suelta a sus mensajes impregnados de superioridad moral y se erigen en “comisarios de la falsa indignación”, como bien los definió Carlos Bravo Regidor. La congruencia no es su fuerte, pues están dispuestos a condonar conductas de corrupción y abuso de los que forman parte de su grupo, pero son implacables cuando esas conductas se presentan en los grupos que consideran antagónicos. Su arma favorita es el insulto, y el presidente, en su papel de “troleador en jefe”, es una fuente inagotable de municiones para denigrar a sus adversarios y despojar de legitimidad a cualquiera que pretenda ser oposición o contrapeso. Cuando hablan, se asumen representantes del 53% de electores que votó por su líder, aunque ellos tal vez no ganarían una votación en su asociación de condóminos. Su agresividad los hace parecer un grupo más grande, unido y fuerte de lo que en realidad son, y con ello consiguen intimidar a quienes se cruzan en su camino, como abusadores de patio escolar. Apoyarán las decisiones de su líder y aplaudirán sus abusos, sin importar si se contradicen abiertamente con los supuestos postulados de su movimiento: “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”. Lo importante para ellos no son las ideas, sino las emociones, en especial la satisfacción de denigrar a quienes ven como autores de sus agravios personales.

Si queremos entender por qué un presidente que tiene a la economía estancada, a los servicios públicos en crisis y a la violencia criminal en récords históricos sigue manteniendo tasas de aprobación tan elevadas, no podemos dejar de tomar en cuenta en nuestro análisis a esta audiencia consumidora, validadora y reproductora de la demagogia. También debemos entender que, con o sin López Obrador en el poder, el “proletariado emocional” seguirá ahí, y tendrá influencia en el espacio público durante largo tiempo.El reto es entender sus razones, porque también las tienen, y responder a su resentimiento con ética e inteligencia, para restaurar el “nosotros” amplio que le da sustento a la democracia.

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