La comunicación del presidente: algo tendrá que cambiar

Peje 100 días
Foto: Presidencia de la República - Galerías

Sin lugar a dudas, una de las principales características del presidente López Obrador es su facilidad, el talento natural que tiene para comunicar. Pocos personajes en nuestra vida pública han sabido moverse con tal naturalidad ante los medios de comunicación; mucho menos han podido poner en la opinión pública los temas que les convienen de la manera que les gusta. Además de ese talento, el teflón con el que cuenta ha sido construido con paciencia a lo largo de dos décadas, así que inició su presidencia con un modelo de comunicación sólido.

López Obrador disfruta – ya como presidente- de los insultos que puede dirigir un candidato a sus adversarios. Para él no hay límite en el cargo que desempeña, al contrario, como líder moral que se ostenta cree que es importante señalar a quienes considera enemigos de la patria. Un día sí y otro también, salen insultos del palacio presidencial dirigidos a quienes considera se oponen a su proyecto. Ha convertido sus conferencias de prensa en un exitoso patíbulo público por el que desfilan los corruptos, los fifís, los privilegiados; desde ahí se señalan culpables, los hostiles a la patria, los saqueadores del erario y la moral. El presidente también hace gala de cierto humor que para mucha gente sería letal – chascarrillos solo tolerables a un tío decrépito en una comida dominguera son la norma de las famosas “mañaneras”- y él sigue tan tranquilo repitiendo sus chascarrillos y riéndose solito. 

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Sin embargo, el modelo no radica en eso sino en su persona. Es él mismo el centro de la comunicación, es el origen y el destino. La figura del presidente en materia comunicacional está diseñada en este gobierno para suplir a todos los colaboradores en sus funciones. Es un modelo para un personaje tremendamente fuerte – como ha demostrado serlo en estos primeros meses de gobierno- porque anula diversas posibilidades tanto de defensa de gobierno como de “jugadas de sacrificio” (cesar a altos funcionarios).  La comunicación presidencial ha funcionado porque ha tenido el control de todos los temas, los que le permite contestar o no, ahondar o cambiar de tema. Todo era felicidad con el modelo de comunicación hasta que toparon con Culiacán, un evento en el que el control pasó al lado de los criminales y ya nada fue igual.

Hay cosas que la personalidad, el estilo, por más consolidado que esté no resiste. Y lo sucedido en Culiacán hace unas semanas es uno de esos eventos. Peor aún: fue de tal magnitud lo sucedido que en el modelo en vez de funcionar simplemente mostró las enorme deficiencias que tiene a la hora de una emergencia, de una contingencia o de un suceso relevante. Entre las cosas que reveló el caso Culiacán: está la falta de capacidad del equipo del presidente para salir a realizar un control de daños; el miedo del presidente a un tema que lo supera como es el del crimen organizado; la incapacidad de Durazo para tener el mando siquiera en términos informativos de la seguridad; la proclividad del gobierno a la mentira como paso inicial y la absoluta dependencia del presidente para siquiera dar una entrevista.

Cierto es que del tema Culiacán no había manera de salir bien parado. Fueron tal la cantidad de pifias en el operativo -aún sin necesidad de tener una versión oficial del mismo- que todo era un desorden. Pero incluso ya con la pifia la posibilidad siquiera de dar de inicio una versión creíble de los hechos se tiró a la basura y el problema se hizo más grande. Si en un momento teníamos las equivocaciones tácticas y estratégicas de un operativo de captura de alto impacto, se terminó en poniendo en tela de juicio toda la estrategia de seguridad del Gobierno Federal y el mundo tuvo la imagen de un gobierno rendido ante el narco. 

Dado lo anterior ¿sirve el modelo de comunicación del presidente? Todo parece indicar que llegó a un tope. Quizá le sea útil cuando no haya cosas relevantes y poder seguir difundiendo disparates, insultos y chistoretes: información del diario. Pero ha quedad claro que salir con lo mismo en una crisis solamente lo hundirá más. Algo tendrá que cambiar.

@juanizavala

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